Cuando mi hermano Aurelio convenció a papá que debíamos venir a Guayaquil, Óscar y yo cursábamos 3o. y 4o. año de bachillerato, en el centenario Colegio Nacional Olmedo de Portoviejo. Llegamos a una casa que papá había comprado hacia octubre/noviembre de 1965, en Urdesa Norte. Es una villa que todavía está ahí, un poco remodelada, pero en el mismo lugar, creo que incluso con el mismo vecindario.
Luego de intentar conseguirnos cupos en el Vicente Rocafuerte y ante demoras nuestras por los papeleos de los exámenes de abril en Portoviejo, ingresamos al Aguirre Abad, bajo el padrinazgo de Vicente Guerrero Moreira, quien tenía la irrefutable credencial de haber sido el mejor bachiller de la historia de ese Colegio.
Los preparativos para el primer día de clases fueron vertiginosos: comprar los uniformes; ambientarnos a los horarios del único bus que daba servicio a Urdesa Norte; y ubicarnos en el entorno urbano, para movilizarnos hacia y desde el Colegio sin contratiempos, nos consumieron las dos semanas de anticipación con la que llegamos a Guayaquil para iniciar el período lectivo el lunes 2 de mayo de 1966.
Aurelio era tan previsor, que unos días antes del inicio de clases nos llevó a realizar un recorrido "piloto" desde donde nos dejaba el bus -al pie del redondel en que para entonces estaba emplazado el monumento a Eloy Alfaro- hasta el Colegio, recorriendo a pie la Avda. de Las Américas, hermosa con su parterre central lleno de palmeras. En nuestra primera visita al Aguirre Abad estuvimos acompañados por Vicente Guerrero; y él -con la admiración que despertaba por su palmarés estudiantil- nos relacionó antes de que comenzara el año escolar, con profesores e inspectores. En el recorrido que hicimos por el edificio nos impresionó su limpieza y orden.
Por manera que ese lunes 2 de mayo de 1966, cuando llegamos al Aguirre ya estábamos familiarizados con el Colegio. El Rector, Francisco Rovira Suárez -el querido Paco Rovira, un Maestro en toda la dimensión de la palabra- esperaba a los alumnos en la puerta. Y a todos -o casi a todos- los reconocía por sus nombres y apellidos. A nosotros nos dijo "estos son los manabas recomendados de Guerrero" y nos chachareó por los pantalones ajustados que usábamos, expresamente mandados a modificar donde el "sastrecito" de Sucre.
Nunca olvidaré ese lunes 2 de mayo de 1966. Mi primera clase fue de matemáticas, con el temible Rubén Espinoza, conocido cariñosamente como Masamasá. Y el elenco de profesores que desfiló ese primer día fue sencillamente espectacular, como dirían algunitos: Ignacio Carvallo Castillo, (que había terminado de ganar el Premio Nacional de Poesía de El Universo), en Literatura; Manuel de J. Real (que había sido Ministro de Previsión Social en el gobierno de Carlos Julio Arosemena), en Filosofía; Manuel Abarca en Física; Carlos "chuchita" Esteves, en Química; Francisco Díaz Garaycoa, que para entonces era licenciado, y que le decían Prontito, por su parecido al muñequito de la publicidad de Alkaseltzer; y otros como Francisco Díaz Galarza, Víctor Hugo Ron, Teodoro Paula Moreno, José Vinueza Massón, Édgar Andrade.
(Con Rubén Espinoza haríamos una gran amistad con el paso de los años. Incluso fue miembro del Directorio que me acompañó cuando me eligieron Presidente del Colegio de Ingenieros Industriales. Y con Rubén reprobé matemáticas y debí repetir 5to año. Igual -para mencionar algunos- gocé de la amistad de Manuel Abarca; y hasta ahora, de la de Paco Díaz, que unos años más tarde fue Secretario General de la Administración en el gobierno de Velasco Ibarra y Ministro del Trabajo con el Presidente Febres Cordero)
El Aguirre Abad que conocí era un colegio emblemático de Guayaquil. Me niego a creer que el paso del tiempo -casi medio siglo- lo haya convertido en lo que dicen que es. Y me niego a creer eso porque ahí, en ese colegio, aprendí a amar a Guayaquil y a convertirla en mi ciudad.
Y porque ahí pude aprender todo lo más elemental que necesité para entender y enfrentar la vida.
sábado, 31 de agosto de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
No son meros episodios...
La pretensión de arrebatarle el puerto a Guayaquil y la decisión de extraer el petróleo del Yasuní, no son eventos episódicos y aislados del régimen: nacen de su auténtica condición ideológica que lo lleva a odiar formalmente al capitalismo porque, no obstante su declarado socialismo, quieren ser ricos como los ricos. Me explico:
Este gobierno proclamó su vena "revolucionaria" a los cuatro vientos. Y la resumió como una actitud militante a ultranza contra los pelucones, cuyos negocios están radicados en Guayaquil -aunque vivan en Samborondón- a quienes se les reprochaba que estaban más atentos a sus negocios, que a la preservación de la naturaleza y de la vida.
Ergo, para que la revolución triunfase había que acabar con los símbolos de la peluconería. Y el puerto de Guayaquil es uno de ellos, tal como el mismo Rafael Correa lo señaló en su sabatina del 10 de agosto. Para acabar con el puerto, era menester apoyarse en un estudio "técnico" contratado con la consultora española INECO, producto del cual salió un "Plan Estratégico de Movilidad-PEM, 2013-2037" que incluye todas las modalidades de transporte (carreteras, puertos fluviales y marítimos, ferrocarriles y aeropuertos).
Su Tercer Informe (octubre de 2012), es un verdadero mamotreto de 263 páginas, en el que se encuentran -muy temprano en la lectura- perlas como la siguiente: "(...), el PEM establece las actuaciones que son necesarias para llegar en los próximos 25 años al desarrollo del Sistema de Transportes que resulta de las metas y objetivos estratégicos definidos, partiendo de la situación actual como punto de partida.- No solo es necesario tener clara la imagen final que se persigue, sino igualmente la imagen inicial, en tanto en cuanto, las actuaciones contenidas en el Plan resultan de la confrontación de ambas imágenes, como camino para llegar de un punto a otro, paso por paso según su proyección temporal" (página 16) ¡Cantinflas no pudo decirlo mejor!
Y así, en medio de esa hojarasca de palabras que caracterizan a este tipo de informes de consultorías como compendios de charlatanería, se llega a la propuesta sobre el Puerto de Guayaquil: para recibir buques de calado superior a los actuales, "en estos momentos, en el horizonte del Plan, las inversiones requeridas podrían superar con creces los 1.000 millones de dólares de dragado, a lo que habría que sumar las inversiones para mejora de los accesos y ampliación de las infraestructuras actuales. En consecuencia, parece poco recomendable acometer dicha ampliación de calados. Y todo ello sin contar el encajonamiento de los muelles en la ciudad, que dificultan cualquier ampliación provocando un alto impacto en el medio urbano" (página 91)
¿De dónde sacaron la cifra de los 1.000 millones de dólares? ¿A qué expertos consultaron?
Y sobre el "encajonamiento de los muelles en la ciudad, que dificultan cualquier ampliación provocando un alto impacto en el medio urbano", ¿han visto Manta, con su puerto en el corazón de la ciudad? Estos españoles son caretuco, verdaderamente... No conocen Ecuador. Pretendieron que podían respaldar con seudo argumentos técnicos, económicos y financieros la clara intención del gobierno que los contrató, de arrebatarle a Guayaquil su puerto, para provocar que la burguesía guayaquileña se vaya a Miami -como cierta vez algún revolucionario se lamentó de que no hubiese ocurrido, envidiando la suerte de Cuba- y les deje el camino expedito para apropiarse de sus negocios, y hacerse nuevos ricos, como lo hicieron quienes en nombre del Estado, se apropiaron de los bienes de la "banca corrupta" con los resultados que se conocen.
En lo del Yasuní, la cosa es también sencilla. El Plan para el Buen Vivir, y la mismísima Constitución de Montecristi consagraron a la Pacha Mama el desarrollo económico.
Pero la Pacha Mama no les dará de mamar lo suficiente a toda la parafernalia del poder burocrático que en las alas de la revolución ciudadana, han creado en los últimos 6 años. Entonces suena lógico sacarle el petróleo de sus entrañas, para tener los dólares que les permita sostenerse. Si son 18.000 millones de dólares adicionales para farreárselos con fe y alegría en más gasto público y en más lleve para que se hagan nuevos ricos, serán bienvenidos, sin importar si se incomoda la Pacha Mama.
Lo que quieren es saciar su sed de riqueza. La misma sed que sienten los chavistas o los kirchneristas. O la que sintieron los sandinistas de Ortega y sus muchachos para quedarse con negocios y hasta con las casas de los somocistas en Nicaragua.
Esa sed no es episódica. Es orgánica. Es estructural. Está en las entrañas del socialismo del Siglo XXI.
Este gobierno proclamó su vena "revolucionaria" a los cuatro vientos. Y la resumió como una actitud militante a ultranza contra los pelucones, cuyos negocios están radicados en Guayaquil -aunque vivan en Samborondón- a quienes se les reprochaba que estaban más atentos a sus negocios, que a la preservación de la naturaleza y de la vida.
Ergo, para que la revolución triunfase había que acabar con los símbolos de la peluconería. Y el puerto de Guayaquil es uno de ellos, tal como el mismo Rafael Correa lo señaló en su sabatina del 10 de agosto. Para acabar con el puerto, era menester apoyarse en un estudio "técnico" contratado con la consultora española INECO, producto del cual salió un "Plan Estratégico de Movilidad-PEM, 2013-2037" que incluye todas las modalidades de transporte (carreteras, puertos fluviales y marítimos, ferrocarriles y aeropuertos).
Su Tercer Informe (octubre de 2012), es un verdadero mamotreto de 263 páginas, en el que se encuentran -muy temprano en la lectura- perlas como la siguiente: "(...), el PEM establece las actuaciones que son necesarias para llegar en los próximos 25 años al desarrollo del Sistema de Transportes que resulta de las metas y objetivos estratégicos definidos, partiendo de la situación actual como punto de partida.- No solo es necesario tener clara la imagen final que se persigue, sino igualmente la imagen inicial, en tanto en cuanto, las actuaciones contenidas en el Plan resultan de la confrontación de ambas imágenes, como camino para llegar de un punto a otro, paso por paso según su proyección temporal" (página 16) ¡Cantinflas no pudo decirlo mejor!
Y así, en medio de esa hojarasca de palabras que caracterizan a este tipo de informes de consultorías como compendios de charlatanería, se llega a la propuesta sobre el Puerto de Guayaquil: para recibir buques de calado superior a los actuales, "en estos momentos, en el horizonte del Plan, las inversiones requeridas podrían superar con creces los 1.000 millones de dólares de dragado, a lo que habría que sumar las inversiones para mejora de los accesos y ampliación de las infraestructuras actuales. En consecuencia, parece poco recomendable acometer dicha ampliación de calados. Y todo ello sin contar el encajonamiento de los muelles en la ciudad, que dificultan cualquier ampliación provocando un alto impacto en el medio urbano" (página 91)
¿De dónde sacaron la cifra de los 1.000 millones de dólares? ¿A qué expertos consultaron?
Y sobre el "encajonamiento de los muelles en la ciudad, que dificultan cualquier ampliación provocando un alto impacto en el medio urbano", ¿han visto Manta, con su puerto en el corazón de la ciudad? Estos españoles son caretuco, verdaderamente... No conocen Ecuador. Pretendieron que podían respaldar con seudo argumentos técnicos, económicos y financieros la clara intención del gobierno que los contrató, de arrebatarle a Guayaquil su puerto, para provocar que la burguesía guayaquileña se vaya a Miami -como cierta vez algún revolucionario se lamentó de que no hubiese ocurrido, envidiando la suerte de Cuba- y les deje el camino expedito para apropiarse de sus negocios, y hacerse nuevos ricos, como lo hicieron quienes en nombre del Estado, se apropiaron de los bienes de la "banca corrupta" con los resultados que se conocen.
En lo del Yasuní, la cosa es también sencilla. El Plan para el Buen Vivir, y la mismísima Constitución de Montecristi consagraron a la Pacha Mama el desarrollo económico.
Pero la Pacha Mama no les dará de mamar lo suficiente a toda la parafernalia del poder burocrático que en las alas de la revolución ciudadana, han creado en los últimos 6 años. Entonces suena lógico sacarle el petróleo de sus entrañas, para tener los dólares que les permita sostenerse. Si son 18.000 millones de dólares adicionales para farreárselos con fe y alegría en más gasto público y en más lleve para que se hagan nuevos ricos, serán bienvenidos, sin importar si se incomoda la Pacha Mama.
Lo que quieren es saciar su sed de riqueza. La misma sed que sienten los chavistas o los kirchneristas. O la que sintieron los sandinistas de Ortega y sus muchachos para quedarse con negocios y hasta con las casas de los somocistas en Nicaragua.
Esa sed no es episódica. Es orgánica. Es estructural. Está en las entrañas del socialismo del Siglo XXI.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Correa, Nebot y Guayaquil
No debió ser fácil para el presidente Correa entregarle a Nebot -y en verdad a Guayaquil- el manejo de su destino portuario. Y no debió ser fácil por tres razones fundamentales:
La primera, es que toda la retórica desplegada por el Presidente sobre el manejo del puerto de Guayaquil, no alcanzaba a ocultar que una de sus motivaciones primordiales en el tema, estaba inspirada por su afán de arrebatarle el control portuario a quienes él califica y descalifica por ser parte de "grupos de poder" de la derecha guayaquileña. Y como bien le refutó el Alcalde, el puerto de Guayaquil está manejado por Autoridad Portuaria; o sea, por el gobierno.
(Pero yo si alcanzo a entender esa motivación presidencial. Es, sobre todo, ideológica. Correa cree que la oligarquía guayaquileña está vivita y coleando a pesar de sus 6 años y medio en el gobierno. De lo que no se ha dado cuenta es que mucha de la peluconería que él dice combatir y odiar -cualesquiera que sean las causas del terrible resentimiento social que refleja esa postura- está vivita y coleando en su gobierno. Y a esa se suman los nuevos ricos que han surgido desde la mismísima entraña de la revolución ciudadana, que lo primero que hacen es ir a vivir a Samborondón, sin ruborizarse)
Entonces tuvo que tragarse sus razones ideológicas para aceptar que sea el municipio de Guayaquil quien se encargue del dragado del puerto y de la zona de Posorja.
La segunda razón por la que no debió ser fácil ceder en este debate, es que seguramente fue advertido por sus asesores de que sin querer queriendo, ha consolidado la imagen de Nebot como el único político con capacidad para enfrentarlo exitosamente. Y si el Presidente de la República seguía empecinado en su postura de llevarse el puerto más allá de los límites cantonales de Guayaquil, iba a conseguir el rechazo mayoritario de la población, que lo castigaría en las urnas. El punto es que con este precedente, los Alcaldes de otras ciudades como Quito, Cuenca y Manta, no serán perdonados por sus electores cuando opten por agachar la cabeza y acatar dócilmente las órdenes del Primer Mandatario. Entonces pueden sentirse envalentonados y rebelarse contra el poder presidencial. Sería como el principio del fin de la hegemonía que le ha permitido obtener tanto éxito desde el poder.
Y la tercera razón es todavía más dolorosa: revela que Correa no podrá sacarse la piedra en el zapato que le significa el modelo de desarrollo exitoso de Guayaquil, sobre el cual tanto sarcasmo ha derramado... Tendrá que entender que sin Guayaquil será imposible consolidar el "socialismo del siglo XXI" que proclamó como la única alternativa viable a la "larga noche neoliberal". Burla burlando, el modelo se le va agotando... (me salió en verso, sin esfuerzo)
Correa ha perdido. Los triunfadores son Guayaquil y Nebot. (Y Ecuador, en resumidas cuentas)
La primera, es que toda la retórica desplegada por el Presidente sobre el manejo del puerto de Guayaquil, no alcanzaba a ocultar que una de sus motivaciones primordiales en el tema, estaba inspirada por su afán de arrebatarle el control portuario a quienes él califica y descalifica por ser parte de "grupos de poder" de la derecha guayaquileña. Y como bien le refutó el Alcalde, el puerto de Guayaquil está manejado por Autoridad Portuaria; o sea, por el gobierno.
(Pero yo si alcanzo a entender esa motivación presidencial. Es, sobre todo, ideológica. Correa cree que la oligarquía guayaquileña está vivita y coleando a pesar de sus 6 años y medio en el gobierno. De lo que no se ha dado cuenta es que mucha de la peluconería que él dice combatir y odiar -cualesquiera que sean las causas del terrible resentimiento social que refleja esa postura- está vivita y coleando en su gobierno. Y a esa se suman los nuevos ricos que han surgido desde la mismísima entraña de la revolución ciudadana, que lo primero que hacen es ir a vivir a Samborondón, sin ruborizarse)
Entonces tuvo que tragarse sus razones ideológicas para aceptar que sea el municipio de Guayaquil quien se encargue del dragado del puerto y de la zona de Posorja.
La segunda razón por la que no debió ser fácil ceder en este debate, es que seguramente fue advertido por sus asesores de que sin querer queriendo, ha consolidado la imagen de Nebot como el único político con capacidad para enfrentarlo exitosamente. Y si el Presidente de la República seguía empecinado en su postura de llevarse el puerto más allá de los límites cantonales de Guayaquil, iba a conseguir el rechazo mayoritario de la población, que lo castigaría en las urnas. El punto es que con este precedente, los Alcaldes de otras ciudades como Quito, Cuenca y Manta, no serán perdonados por sus electores cuando opten por agachar la cabeza y acatar dócilmente las órdenes del Primer Mandatario. Entonces pueden sentirse envalentonados y rebelarse contra el poder presidencial. Sería como el principio del fin de la hegemonía que le ha permitido obtener tanto éxito desde el poder.
Y la tercera razón es todavía más dolorosa: revela que Correa no podrá sacarse la piedra en el zapato que le significa el modelo de desarrollo exitoso de Guayaquil, sobre el cual tanto sarcasmo ha derramado... Tendrá que entender que sin Guayaquil será imposible consolidar el "socialismo del siglo XXI" que proclamó como la única alternativa viable a la "larga noche neoliberal". Burla burlando, el modelo se le va agotando... (me salió en verso, sin esfuerzo)
Correa ha perdido. Los triunfadores son Guayaquil y Nebot. (Y Ecuador, en resumidas cuentas)
viernes, 26 de julio de 2013
El Alcalde que Guayaquil necesita
Guayaquil necesita un Alcalde que en primer lugar la represente como Jefe del Gobierno Cantonal. Esto significa que debe tener por lo menos dos características fundamentales: (1) Ser independiente de los intereses personales y políticos del Presidente de la República; y (2) Tener la capacidad para asumir el compromiso de que impulsará el desarrollo de la ciudad, para superar lo alcanzado en los últimos 20 años.
(1) Ser independiente de los intereses personales y políticos del Presidente de la República no quiere decir que sea enemigo del gobierno central. Al contrario, debe buscar que la acción del régimen nacional sea compatible con los intereses propios de la urbe.
Por ejemplo:
(1.1.) Tiene que defender que el puerto de aguas profundas se construya en Posorja, tal como se planificó originalmente, porque está en la jurisdicción cantonal de Guayaquil y porque el modelo de desarrollo de la ciudad se basa en su vocación portuaria. En consecuencia, no puede -bajo ningún concepto- permitir que se subordine a Guayaquil a las prioridades de otros puertos del país, porque de hacerlo así, la ciudad habría perdido su razón de ser, lo que equivaldría a matarla...
(1.2.) Tiene que defender el manejo municipal del aeropuerto actual y la capacidad del gobierno cantonal para contratar el nuevo aeropuerto en Daular. Esto es parte del "modelo exitoso" de Guayaquil. Pero lo grave de perder el manejo del aeropuerto, será que se haga con el de Guayaquil lo mismo que se hizo con Portoviejo al quitarle su aeropuerto para enviar a los pasajeros a Manta: el propósito sería que todos los vuelos internacionales entren únicamente por Quito y que Guayaquil quede solo como un aeropuerto interno.
(1.3.) No puede permitir que la politiquería y los intereses electoreros del gobierno de turno, se metan a administrar los espacios públicos de Guayaquil. De hacerlo, las calles se llenarán de vendedores ambulantes, la mayoría de ellos interioranos, que vendrán a reclamar su "derecho" al trabajo, a costa de dejar las calles llenas incluso de excrementos. (Alguien recuerda cómo los hijos de las vendedoras de tripa mishca que revoloteban por San Francisco, se hacían popó en plena 9 de Octubre a cualquier hora del día?) Y no solo eso, veremos inaugurar monumentos a Chávez, a Ortega o a Evo, ocupando plazas públicas y quien sabe si en lugares tan emblemáticos de Guayaquil como el Malecón o la Plaza de El Centenario.
(2) Comprometerse a continuar el modelo de desarrollo de los últimos 20 años, equivaldrá a:
(2.1.) Conservar y ampliar el sistema masivo de transportación urbana, ya sea mejorando el servicio de la Metrovía o iniciando nuevos proyectos en esa área.
(2.2.) Garantizar la seguridad pública, incluso para que el gobierno asuma su responsabilidad de combatir eficazmente a rateros y asaltantes de bancos, restaurantes y locales comerciales. (Un amigo me conversó que hace unos días, en Urdesa, mientras departían después de almorzar en un restaurante de la zona, a eso de las 2 de la tarde -la hora boba, le dicen- entraron dos hombres y una mujer, todos jovencitos, tal vez adolescentes, los encañonaron y se les llevaron celulares, billeteras, relojes, lentes. Cuando se fueron entre risas, les dijeron que para la próxima debían tener más cuidado y que los felicitaban por no resistirse al asalto)
(2.3.) Mantener los programas de ayuda comunitaria, en especial para aquellas personas con discapacidad.
(2.4.) Mantener y mejorar las calles pavimentadas y las áreas regeneradas tanto a nivel urbano como rural. De la misma manera la idoneidad de los servicios básicos.
(2.5.) Mantener la actual estructura del gasto presupuestario del Municipio de Guayaquil: 80% para inversión y 20% para gasto corriente. Esto equivale a no llenarse de pipones, como en épocas pasadas.
(1) Ser independiente de los intereses personales y políticos del Presidente de la República no quiere decir que sea enemigo del gobierno central. Al contrario, debe buscar que la acción del régimen nacional sea compatible con los intereses propios de la urbe.
Por ejemplo:
(1.1.) Tiene que defender que el puerto de aguas profundas se construya en Posorja, tal como se planificó originalmente, porque está en la jurisdicción cantonal de Guayaquil y porque el modelo de desarrollo de la ciudad se basa en su vocación portuaria. En consecuencia, no puede -bajo ningún concepto- permitir que se subordine a Guayaquil a las prioridades de otros puertos del país, porque de hacerlo así, la ciudad habría perdido su razón de ser, lo que equivaldría a matarla...
(1.2.) Tiene que defender el manejo municipal del aeropuerto actual y la capacidad del gobierno cantonal para contratar el nuevo aeropuerto en Daular. Esto es parte del "modelo exitoso" de Guayaquil. Pero lo grave de perder el manejo del aeropuerto, será que se haga con el de Guayaquil lo mismo que se hizo con Portoviejo al quitarle su aeropuerto para enviar a los pasajeros a Manta: el propósito sería que todos los vuelos internacionales entren únicamente por Quito y que Guayaquil quede solo como un aeropuerto interno.
(1.3.) No puede permitir que la politiquería y los intereses electoreros del gobierno de turno, se metan a administrar los espacios públicos de Guayaquil. De hacerlo, las calles se llenarán de vendedores ambulantes, la mayoría de ellos interioranos, que vendrán a reclamar su "derecho" al trabajo, a costa de dejar las calles llenas incluso de excrementos. (Alguien recuerda cómo los hijos de las vendedoras de tripa mishca que revoloteban por San Francisco, se hacían popó en plena 9 de Octubre a cualquier hora del día?) Y no solo eso, veremos inaugurar monumentos a Chávez, a Ortega o a Evo, ocupando plazas públicas y quien sabe si en lugares tan emblemáticos de Guayaquil como el Malecón o la Plaza de El Centenario.
(2) Comprometerse a continuar el modelo de desarrollo de los últimos 20 años, equivaldrá a:
(2.1.) Conservar y ampliar el sistema masivo de transportación urbana, ya sea mejorando el servicio de la Metrovía o iniciando nuevos proyectos en esa área.
(2.2.) Garantizar la seguridad pública, incluso para que el gobierno asuma su responsabilidad de combatir eficazmente a rateros y asaltantes de bancos, restaurantes y locales comerciales. (Un amigo me conversó que hace unos días, en Urdesa, mientras departían después de almorzar en un restaurante de la zona, a eso de las 2 de la tarde -la hora boba, le dicen- entraron dos hombres y una mujer, todos jovencitos, tal vez adolescentes, los encañonaron y se les llevaron celulares, billeteras, relojes, lentes. Cuando se fueron entre risas, les dijeron que para la próxima debían tener más cuidado y que los felicitaban por no resistirse al asalto)
(2.3.) Mantener los programas de ayuda comunitaria, en especial para aquellas personas con discapacidad.
(2.4.) Mantener y mejorar las calles pavimentadas y las áreas regeneradas tanto a nivel urbano como rural. De la misma manera la idoneidad de los servicios básicos.
(2.5.) Mantener la actual estructura del gasto presupuestario del Municipio de Guayaquil: 80% para inversión y 20% para gasto corriente. Esto equivale a no llenarse de pipones, como en épocas pasadas.
jueves, 25 de julio de 2013
Mientras exista Guayaquil
Sostengo que Guayaquil es la cuna de lo que hoy conocemos como Ecuador. También sostengo que es la cuna de todas las libertades en que se sustenta el liberalismo económico . Y en consecuencia sostengo que mientras exista Guayaquil, no habrá posibilidades para que se instaure en el país un régimen totalitario, ni siquiera bajo el eufemismo de ser un socialismo del siglo XXI.
Paso a explicarme:
La guerra de independencia en Sudamérica fue más exitosa después de la Aurora Gloriosa del 9 de Octubre de 1820; al punto que los historiadores serios reconocen que sin Guayaquil Independiente, la batalla del Pichincha y sus consecuencias de liberación de España, habría demorado más tiempo en lograrse.
En la vida republicana, todos los grandes movimientos de transformación política -desde la expulsión del militarismo extranjero del 6 de marzo de 1845, pasando por el 5 de junio de 1895 y llegando hasta la rebelión por la libertad de sufragio, ocurrida en mayo de 1944- se dieron en Guayaquil, como una expresión de coherencia con la filosofía de libertad que sus líderes han encarnado. Pero en todos esos movimientos, lo de fondo era inocultable: solo la vigencia de la libertad política -que incluye la de opinar libremente sin temor a nada ni a nadie- garantiza el progreso económico de los individuos y sus familias, a costa de su capacidad para educarse, aprender un arte u oficio y emprender.
Hubo gobernantes -algunos de ellos guayaquileños- que en un exceso de vanidad, se consideraron por encima de estos valores, e incluso llegaron al extremo de intentar estigmatizar a los hombres y mujeres de Guayaquil -nacidos o no aquí, pero que trabajaban en estas tierras- aludiendo a su vocación como productores agropecuarios, pesqueros, industriales, o como banqueros y comerciantes. Y esa laboriosidad que en muchos casos se coronó exitosamente en riquezas personales, (oligarcas, burgueses o pelucones se les ha dicho en son de estigma), pretendió ser reemplazada por un Estado omnipotente, omnipresente, omnisapiente, cuyos promotores tomándose el nombre de los pobres, quisieron arrebatar a hombres y mujeres, así como a sus familias, lo que legítimamente habían ganado tras largos años de laborar, sin reparar que a quien se la querían arrebatar era a Guayaquil y a su proverbial laboriosidad. Y ahí terminaron.
Guayaquil ya ha vivido etapas oscuras: la última fue superada a partir de 1992; y, a pesar de las acechanzas, dura hasta ahora, cuando se quiere hacernos creer burla burlando, que el modelo exitoso de desarrollo de la urbe aplicado en los últimos 20 años, no existe. Quienes se empeñan en negar ese éxito, ignoran que Guayaquil ha sabido levantarse de adversidades con el mismo tesón que se levantó luego de ser atacada por piratas, incendios, pestes y otros desastres naturales. Nunca se ha doblegado.
Al final, termina siendo siempre Guayaquil, una ciudad eterna, enamorada de su libertad, con la cual contagia al resto de Ecuador.
Paso a explicarme:
La guerra de independencia en Sudamérica fue más exitosa después de la Aurora Gloriosa del 9 de Octubre de 1820; al punto que los historiadores serios reconocen que sin Guayaquil Independiente, la batalla del Pichincha y sus consecuencias de liberación de España, habría demorado más tiempo en lograrse.
En la vida republicana, todos los grandes movimientos de transformación política -desde la expulsión del militarismo extranjero del 6 de marzo de 1845, pasando por el 5 de junio de 1895 y llegando hasta la rebelión por la libertad de sufragio, ocurrida en mayo de 1944- se dieron en Guayaquil, como una expresión de coherencia con la filosofía de libertad que sus líderes han encarnado. Pero en todos esos movimientos, lo de fondo era inocultable: solo la vigencia de la libertad política -que incluye la de opinar libremente sin temor a nada ni a nadie- garantiza el progreso económico de los individuos y sus familias, a costa de su capacidad para educarse, aprender un arte u oficio y emprender.
Hubo gobernantes -algunos de ellos guayaquileños- que en un exceso de vanidad, se consideraron por encima de estos valores, e incluso llegaron al extremo de intentar estigmatizar a los hombres y mujeres de Guayaquil -nacidos o no aquí, pero que trabajaban en estas tierras- aludiendo a su vocación como productores agropecuarios, pesqueros, industriales, o como banqueros y comerciantes. Y esa laboriosidad que en muchos casos se coronó exitosamente en riquezas personales, (oligarcas, burgueses o pelucones se les ha dicho en son de estigma), pretendió ser reemplazada por un Estado omnipotente, omnipresente, omnisapiente, cuyos promotores tomándose el nombre de los pobres, quisieron arrebatar a hombres y mujeres, así como a sus familias, lo que legítimamente habían ganado tras largos años de laborar, sin reparar que a quien se la querían arrebatar era a Guayaquil y a su proverbial laboriosidad. Y ahí terminaron.
Guayaquil ya ha vivido etapas oscuras: la última fue superada a partir de 1992; y, a pesar de las acechanzas, dura hasta ahora, cuando se quiere hacernos creer burla burlando, que el modelo exitoso de desarrollo de la urbe aplicado en los últimos 20 años, no existe. Quienes se empeñan en negar ese éxito, ignoran que Guayaquil ha sabido levantarse de adversidades con el mismo tesón que se levantó luego de ser atacada por piratas, incendios, pestes y otros desastres naturales. Nunca se ha doblegado.
Al final, termina siendo siempre Guayaquil, una ciudad eterna, enamorada de su libertad, con la cual contagia al resto de Ecuador.
domingo, 14 de julio de 2013
El poder de la retórica o la retórica del poder
A los griegos se les atribuye la "invención" de la retórica. En resumidas cuentas, se trata del arte de "hablar bonito" con el objetivo de convencer a los demás, para que apoyen iniciativas de distinto propósito y contenido. Algunos historiadores sostienen que el abuso de los ejercicios retóricos por los políticos devino demagogia.
En Roma, Petronio censuró a los cultores de la retórica ("El Satiricón"), acusando a quienes la enseñaban, de matar la elocuencia que los jóvenes requieren para la eficacia de sus comunicaciones porque la convirtieron en "música inútil y vacía, haciendo juego de palabras de modo que la oratoria se ha convertido en un cuerpo sin fuerza y sin vida"
La retórica es un recurso que nació cuando los seres humanos lograron sistematizar su capacidad de comunicación. Los más importantes líderes de la humanidad han sido reconocidos por el uso de la retórica. En Ecuador, por ejemplo, Velasco Ibarra, Raul Clemente Huerta, Camilo Ponce Enríquez, Carlos Julio Arosemena, Otto Arosemena -para citar unos pocos- fueron maestros en el arte de la oratoria.
Pero a medida que los políticos fueron convirtiendo el arte de comunicarse con los ciudadanos en una práctica de tarima -baile y canto incluidos- potenciada por recursos mediáticos y las opciones masivas que ofrecen las redes sociales, la capacidad para hablar bonito fue sustituida por la de usar un lenguaje que sistemáticamente linda con la procacidad. Este no es un fenómeno solo de Ecuador. Lo mismo se ve en Latinoamérica, Estados Unidos o Europa.
El problema es que obliga a los políticos a un doble lenguaje: uno para comunicarse con las masas y otro, para manejar en reserva los asuntos del Estado. Entonces la retórica es arma de doble filo: no hay una línea divisoria exacta para determinar si los políticos están actuando por el poder de la retórica o porque son parte de la retórica del poder.
Me explico: en el caso Snowden, por ejemplo, nadie puede dudar que tras la retórica anti imperialista que reivindican públicamente Venezuela, Ecuador y Nicaragua, la defensa de los derechos humanos -y de la libertad de pensamiento y de información- es lo de menos, porque en la intimidad de sus gobiernos, esos derechos son los que mayores conflictos les han generado...
El discurso de Maduro, Ortega, Correa, Fernández de Kirchner y Morales apela al poder de la retórica para -exitosamente- convencer a un importante sector de sus conciudadanos respecto a la legitimidad de su defensa al derecho a la libre información, violentado por "el imperialismo".
Pero casa para adentro, ellos han sido protagonistas de actos contrarios a ese derecho, porque según la retórica del poder, deben defenderse "de los poderes mediáticos" y de la prensa mercantilista... La misma prensa sin la cual Snowden no le habría servido a su encendida retórica.
Por ese camino, le van quitando elocuencia a su discurso. Al punto que -como decía Petronio hace más de 20 siglos- convertirán su retórica anti imperialista en "música inútil y vacía".
Y aunque hablen bonito no se salvarán de caer en la demagogia.
En Roma, Petronio censuró a los cultores de la retórica ("El Satiricón"), acusando a quienes la enseñaban, de matar la elocuencia que los jóvenes requieren para la eficacia de sus comunicaciones porque la convirtieron en "música inútil y vacía, haciendo juego de palabras de modo que la oratoria se ha convertido en un cuerpo sin fuerza y sin vida"
La retórica es un recurso que nació cuando los seres humanos lograron sistematizar su capacidad de comunicación. Los más importantes líderes de la humanidad han sido reconocidos por el uso de la retórica. En Ecuador, por ejemplo, Velasco Ibarra, Raul Clemente Huerta, Camilo Ponce Enríquez, Carlos Julio Arosemena, Otto Arosemena -para citar unos pocos- fueron maestros en el arte de la oratoria.
Pero a medida que los políticos fueron convirtiendo el arte de comunicarse con los ciudadanos en una práctica de tarima -baile y canto incluidos- potenciada por recursos mediáticos y las opciones masivas que ofrecen las redes sociales, la capacidad para hablar bonito fue sustituida por la de usar un lenguaje que sistemáticamente linda con la procacidad. Este no es un fenómeno solo de Ecuador. Lo mismo se ve en Latinoamérica, Estados Unidos o Europa.
El problema es que obliga a los políticos a un doble lenguaje: uno para comunicarse con las masas y otro, para manejar en reserva los asuntos del Estado. Entonces la retórica es arma de doble filo: no hay una línea divisoria exacta para determinar si los políticos están actuando por el poder de la retórica o porque son parte de la retórica del poder.
Me explico: en el caso Snowden, por ejemplo, nadie puede dudar que tras la retórica anti imperialista que reivindican públicamente Venezuela, Ecuador y Nicaragua, la defensa de los derechos humanos -y de la libertad de pensamiento y de información- es lo de menos, porque en la intimidad de sus gobiernos, esos derechos son los que mayores conflictos les han generado...
El discurso de Maduro, Ortega, Correa, Fernández de Kirchner y Morales apela al poder de la retórica para -exitosamente- convencer a un importante sector de sus conciudadanos respecto a la legitimidad de su defensa al derecho a la libre información, violentado por "el imperialismo".
Pero casa para adentro, ellos han sido protagonistas de actos contrarios a ese derecho, porque según la retórica del poder, deben defenderse "de los poderes mediáticos" y de la prensa mercantilista... La misma prensa sin la cual Snowden no le habría servido a su encendida retórica.
Por ese camino, le van quitando elocuencia a su discurso. Al punto que -como decía Petronio hace más de 20 siglos- convertirán su retórica anti imperialista en "música inútil y vacía".
Y aunque hablen bonito no se salvarán de caer en la demagogia.
jueves, 4 de julio de 2013
¿Qué pasa en el mundo?
Alguien se volvió "loco"... Pero lo que está pasando en este momento en el mundo, es difícil de entender. Veamos:
Cuando la guerra fría estaba en todo su apogeo, el espionaje resultaba parte del juego. Y lo era tanto, que CIA y KGB constituían referentes emblemáticos de una despiadada y encarnizada actividad para destruir objetivos enemigos. En ese juego los países del tercer mundo tenían un rol secundario que a veces los convertía en ocasionales actores de primera línea, como ocurrió con Cuba en la llamada crisis de los misiles, de 1962.
La caída del "socialismo real" dejó al descubierto otras facetas de la confrontación universal, que habían quedado formalmente más o menos relegadas, porque todo se reducía a un mundo bipolar: por un lado la Unión Soviética y sus aliados; y por otro, Estados Unidos y sus aliados. En medio de esa disputa quedaron los países que se autodenominaron "no alineados", pero cuyo alineamiento era visible, como ocurría por ejemplo, con la entonces Yugoslavia y Cuba. En este último grupo aparecían tímidamente los países musulmanes, árabes y palestinos, ocupados por introducir en la agenda mundial la necesidad de obtener seguridades ahí donde los judíos los hacía sentir amenazados, a pesar de su petróleo.
Y como un observador gigantesco -que también ponía lo suyo a la hora de hacerlo- estaba China, más empeñada en reconstruir lo que Mao destruyó...
Pero era un mundo bipolar.
Caída la Unión Soviética, el problema pareció trasladarse a un enfrentamiento con los extremistas musulmanes y sus asociados. El 11-S develó con la fuerza de un verdadero ataque cruento, al corazón de Estados Unidos, lo que estaba en el subsuelo de las disputas mundiales que se creían superadas con el fracaso de la Europa comunista. Y ahí ardió Troya, porque las prácticas de combate de los sectores fanatizados del islamismo, para derrotar a los herejes, no se asemejaban a los cánones tradicionales. Y superaban las más refinadas acciones incluso del espionaje y del contraespionaje.
Constatar esta realidad, no bien derrumbadas las Torres Gemelas, enloqueció a la dirigencia de Europa Occidental y de los Estados Unidos. A eso se sumó la aparición de regímenes sudamericanos, que no dudaron -con Chávez a la cabeza- en desempolvar las viejas prédicas anti imperialistas enronquecidas en los largos años de dictadura castrista en Cuba. O en los regímenes del Medio Oriente, con Gadafi a la cabeza.
Y entonces ese mundo tan formal de la post guerra, caracterizado por sus cuidadosas medidas de espionaje, por robarse escrupulosamente espías, por penetrar los cuarteles enemigos, y por tantas otras actividades protocolizadas en códigos no escritos, se vio también disturbado por un factor que todavía no se alcanza a entender en toda su magnitud: el fenómeno de las redes sociales que estuvieron prontas a replicar los efectos de las revelaciones de Assange y de Snowden.
El poder no está preparado para enfrentar ese tipo de información. Y eso es lo que ha enloquecido al mundo.
Cuando la guerra fría estaba en todo su apogeo, el espionaje resultaba parte del juego. Y lo era tanto, que CIA y KGB constituían referentes emblemáticos de una despiadada y encarnizada actividad para destruir objetivos enemigos. En ese juego los países del tercer mundo tenían un rol secundario que a veces los convertía en ocasionales actores de primera línea, como ocurrió con Cuba en la llamada crisis de los misiles, de 1962.
La caída del "socialismo real" dejó al descubierto otras facetas de la confrontación universal, que habían quedado formalmente más o menos relegadas, porque todo se reducía a un mundo bipolar: por un lado la Unión Soviética y sus aliados; y por otro, Estados Unidos y sus aliados. En medio de esa disputa quedaron los países que se autodenominaron "no alineados", pero cuyo alineamiento era visible, como ocurría por ejemplo, con la entonces Yugoslavia y Cuba. En este último grupo aparecían tímidamente los países musulmanes, árabes y palestinos, ocupados por introducir en la agenda mundial la necesidad de obtener seguridades ahí donde los judíos los hacía sentir amenazados, a pesar de su petróleo.
Y como un observador gigantesco -que también ponía lo suyo a la hora de hacerlo- estaba China, más empeñada en reconstruir lo que Mao destruyó...
Pero era un mundo bipolar.
Caída la Unión Soviética, el problema pareció trasladarse a un enfrentamiento con los extremistas musulmanes y sus asociados. El 11-S develó con la fuerza de un verdadero ataque cruento, al corazón de Estados Unidos, lo que estaba en el subsuelo de las disputas mundiales que se creían superadas con el fracaso de la Europa comunista. Y ahí ardió Troya, porque las prácticas de combate de los sectores fanatizados del islamismo, para derrotar a los herejes, no se asemejaban a los cánones tradicionales. Y superaban las más refinadas acciones incluso del espionaje y del contraespionaje.
Constatar esta realidad, no bien derrumbadas las Torres Gemelas, enloqueció a la dirigencia de Europa Occidental y de los Estados Unidos. A eso se sumó la aparición de regímenes sudamericanos, que no dudaron -con Chávez a la cabeza- en desempolvar las viejas prédicas anti imperialistas enronquecidas en los largos años de dictadura castrista en Cuba. O en los regímenes del Medio Oriente, con Gadafi a la cabeza.
Y entonces ese mundo tan formal de la post guerra, caracterizado por sus cuidadosas medidas de espionaje, por robarse escrupulosamente espías, por penetrar los cuarteles enemigos, y por tantas otras actividades protocolizadas en códigos no escritos, se vio también disturbado por un factor que todavía no se alcanza a entender en toda su magnitud: el fenómeno de las redes sociales que estuvieron prontas a replicar los efectos de las revelaciones de Assange y de Snowden.
El poder no está preparado para enfrentar ese tipo de información. Y eso es lo que ha enloquecido al mundo.
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