En Manabí, para expresar que se le tiene encono a alguien, se dice "le tengo ley"...
Jamás esa expresión ha tenido mayor relevancia que ahora, con la Ley de Comunicación. Ahí se expresa toda la ley que el Presidente de la República tiene contra la prensa.
Pero a nadie debería sorprender esto. Una de las más tempranas manifestaciones de animadversión del gobierno actual contra la prensa se produjo en 2007, cuando se publicó una fotografía en la que aparecía el Jefe de Estado junto a varios de sus ministros, bailando con las alumnas de un colegio creo que de Esmeraldas. Desde ahí, las andanadas contra la prensa se hicieron frecuentes. No había fotografía, ni noticia que le pareciera bien...
Dos años más tarde, cuando juró en 2009 bajo la Constitución de Montecristi, declaró sin ambages que la prensa era su principal enemigo. Y para entonces nadie imaginaba el juicio y la posterior condena a EL UNIVERSO. Ergo, una premisa básica es que "la ley" del Presidente de la República contra la prensa, está fielmente recogida en la Ley de Comunicación.
Desde que existen, los gobiernos siempre se han enfrentado a la opinión de los ciudadanos que están en el poder o fuera del poder. Esta realidad se remonta a los orígenes de la sociedad. Bajo la Roma imperial, los grafitis constituían uno de los medios de mayor uso para opinar, provocando la ira de los emperadores, entre ellos del icónico Julio César.
Y cuando de los grafitos se pasó a la prensa escrita, las revoluciones se prendieron avivadas por el fuego que ésta animaba. Los revolucionarios de hoy deberían beber de las fuentes de la historia: ahí podrán captar y apreciar -para citar unos pocos casos- el papel de la prensa en la Revolución Francesa; la función que Lenin le dio como agitadora, para la revolución soviética; y el extraordinario rol que jugó en la resistencia al fascismo. En Estados Unidos, la prensa impulsó la emblemática lucha de los negros por la defensa de sus derechos civiles; y tiene en el escándalo Watergate un hito imborrable de enfrentamiento con el poder.
En nuestro medio, el pensamiento escrito se convirtió en soporte del 9 de Octubre de 1820 -alguna vez deberá lograrse un buen estuidio socio político de esa auténtica revolución liberadora- y en la vida republicana, contribuyó a consolidar al liberalismo no solo como un ejercicio de libertades, que incluía la oportunidad de opinar libremente, sino como el pleno derecho a crear empresas entre ellas, las de comunicación. Y los enfrentamientos de prensa y gobiernos no eran juegos de niños: muchos "dueños de imprenta" -como gusta llamar el poder actual a los propietarios de la prensa- vieron quebrados sus negocios, con métodos menos sutiles que los de ahora, pero directos y no menos brutales: les empastelaban los talleres en que se imprimía el diario, (o sea, los saqueaban arrebatándoles papel y tinta; destruyendo las prensas y las cajas de linotipos), apaleaban y metían presos a periodistas; y cerraban los negocios que los dueños de la publicación y hasta sus socios tenían. De manera que muchos debían emigrar generalmente a Lima, para salvar sus vidas y las de sus familias.
De la prensa se han quejado amargamente presidentes como García Moreno (quien permitió que fusilaran a un periodista); Eloy Alfaro (a quien le dolía cada vez que algún irreverente chico de la prensa le recordaba que jamás había ganado una elección para llegar al poder); Galo Plaza, (padre e hijo); hasta Velasco Ibarra, Camilo Ponce, Otto Arosemena, Febres-Cordero y tantos otros de la historia reciente, pasando por las dictaduras militares. Claro que hubo hechos como la clausura a El Universo dispuesta por la dictadura de Páez; o el dinamitazo que ese mismo diario recibió en la dictadura de los triunviros; pero nada más. Eran cosas menores frente a lo que se quiere hacer en estos días de revolución ciudadana...
Porque ninguno de los presidentes y dictadores que se han sucedido en el poder de la República, se atrevió a declarar que la prensa era su enemiga. Ninguno trató de imponer una ley para controlarla. Peor: ninguno dijo que lo que quería era hacer una prensa que se ajustara a "su" ley; es decir al odio que profesa contra el periodismo que no publica lo que él quisiera que publique; que no opina, como él quisiera que opine; y que no calla lo que él quisiera que calle.
domingo, 23 de junio de 2013
sábado, 15 de junio de 2013
Recordando a papá...
Papá era un hombre relativamente alto para su época: medía alrededor de 1.75 m. Era muy canoso, por eso sus amigos le decían "viejo" Macías. Cosa que a él le incomodaba, porque siempre pretendía mantener un espíritu juvenil: le encantaba achacar a los demás por su edad, no importa si andaban por los mismos años.
Era un hombre activo. Cuando llegó a Sucre hacia 1927, su primera preocupación fue tener un medio de vida autónomo. Por eso se dedicó al comercio. Comenzó con una pequeña tienda en la que además vendía aguardiente y deleitaba a los campesinos parroquianos, interpretando la guitarra, mientras disfrutaban de la tertulia entre copas. Y así fue creciendo en el negocio, en medio de un ambiente en cierto modo hostil.
Para los años 40 ya su establecimiento comercial era acreditado, y se abastecía en almacenes de Portoviejo y Manta. En 1944, su prestigio lo llevó a presidir el Comité de Cantonización que consiguió su cometido en menos de 5 meses. Y a partir de eso, se convirtió en unos de los referentes de la vida política activa del nuevo Cantón. Era odiado y temido por unos; y apreciado -y también creo que temido- por otros. En ese ambiente "conocí" a papá...
Él era exactamente el prototipo del padre manabita: machista a toda prueba; protector de sus hijos a prudencial distancia para no caer en exageraciones y reservándose siempre la última palabra, que a veces no era más que un ominoso silencio. Óscar y yo fuimos de los primeros que iniciamos -ya de adolescentes- el tuteo como parte de nuestra comunicación; y así construimos una relación de amistad que duró hasta su muerte.
Yo siempre lo sentí como un amigo. Y cuando murió lo que más me dolió fue no haber culminado esa amistad hablándole más en detalle de mi proyecto de vida, que ya lo tenía concebido y en marcha. Pero me dejó por lo menos dos enseñanzas básicas, que siempre las trato de aplicar: ser auténtico; y no esperar que los demás hagan por uno, lo que uno no está dispuesto a hacer por los demás.
Papá murió en 1976. Calculo que para entonces estaba próximo a cumplir los 86 años. Yo lo recuerdo todos los días, porque para mí, vive en sus enseñanzas.
Así quisiera que mis hijos también me recuerden
Era un hombre activo. Cuando llegó a Sucre hacia 1927, su primera preocupación fue tener un medio de vida autónomo. Por eso se dedicó al comercio. Comenzó con una pequeña tienda en la que además vendía aguardiente y deleitaba a los campesinos parroquianos, interpretando la guitarra, mientras disfrutaban de la tertulia entre copas. Y así fue creciendo en el negocio, en medio de un ambiente en cierto modo hostil.
Para los años 40 ya su establecimiento comercial era acreditado, y se abastecía en almacenes de Portoviejo y Manta. En 1944, su prestigio lo llevó a presidir el Comité de Cantonización que consiguió su cometido en menos de 5 meses. Y a partir de eso, se convirtió en unos de los referentes de la vida política activa del nuevo Cantón. Era odiado y temido por unos; y apreciado -y también creo que temido- por otros. En ese ambiente "conocí" a papá...
Él era exactamente el prototipo del padre manabita: machista a toda prueba; protector de sus hijos a prudencial distancia para no caer en exageraciones y reservándose siempre la última palabra, que a veces no era más que un ominoso silencio. Óscar y yo fuimos de los primeros que iniciamos -ya de adolescentes- el tuteo como parte de nuestra comunicación; y así construimos una relación de amistad que duró hasta su muerte.
Yo siempre lo sentí como un amigo. Y cuando murió lo que más me dolió fue no haber culminado esa amistad hablándole más en detalle de mi proyecto de vida, que ya lo tenía concebido y en marcha. Pero me dejó por lo menos dos enseñanzas básicas, que siempre las trato de aplicar: ser auténtico; y no esperar que los demás hagan por uno, lo que uno no está dispuesto a hacer por los demás.
Papá murió en 1976. Calculo que para entonces estaba próximo a cumplir los 86 años. Yo lo recuerdo todos los días, porque para mí, vive en sus enseñanzas.
Así quisiera que mis hijos también me recuerden
sábado, 11 de mayo de 2013
Mi mamá me ama. Yo amo a mi mamá...
Uno de los recuerdos más vivos de mi infancia se remonta al primer día de clases, en la Escuela Fiscal de Niños Pichincha, de Sucre, 24 de Mayo, Manabí.
Había cumplido 5 años en enero; y todavía en el patio de la escuela -que ocupaba una parte del edificio del Concejo Municipal- había huellas de lodo del período lluvioso que estaba terminando. Entonces no había etapa pre escolar, así es que tocaba iniciar la primaria cumplidos los 6 años; pero a insinuación de Alicia (Yolita) Franco, que pasaba unos días en Sucre, mis hermanas Rina y Melba lograron que papá accediera a que me matriculasen aumentándome la edad.
Y así fue como me vi -con uniforme blanco almidonado y botines negros, la rebeldía de mi cabello dominada con moyuyo (una fruta silvestre parecida a la uva, que da una goma muy eficaz); y como útiles escolares un cuaderno de papel periódico a rayas y un lápiz mongol- sentado en una banca que papá mandó a construir para mi uso. Por aula había una especie de canchón, con medias paredes de caña que compartíamos con los alumnos de segundo y tercer grado.
Mi profesora fue doña María Teresa de Vélez. Era una mujer toda dulzura. A mí siempre me trató con cariño, incluso superando las diferencias de la política local, que enfrentaban casi de manera irreconciliable a su marido con mi padre.
El método de enseñanza de doña María Teresa era efectivo: primero las vocales y luego las consonantes, aprendidas acompañando su grafía con canto en coro de su equivalencia fonética. Más tarde, ya estábamos listos para escribir frases. Y de esas, la que más emocionaba a nuestras almas simples de niños semi campesinos, era esa que empezaba haciéndonos repetir: la m con la a, ma; la m con la a, ma: ma-má; ma-má.... Y después, para completar el ejercicio: mi-mamá-me-ama; yo-amo-a-mi-mamá...
No creo que haya oración más perfecta que esa, para aprender los misterios del amor de la madre al hijo y del hijo a la madre. No creo que exista otra frase parecida; por eso tampoco creo que alguien la inventó. Es que esa construcción gramatical está en nuestra naturaleza de hijos. Y en la naturaleza de las madres.
Amar. De eso se trata.
Años después la vida me unió a Minerva Villafuerte, hija de Alicia Franco. Madre e hija se amaban con la devoción que reza la frase que me enseñaron como primeras letras. La misma devoción con que amé a mi mamá María Chávez.
Del amor que Minerva Villafuerte y los hijos que tuvimos, Andrés Enrique y Alicia ("La Tite")Minerva, se profesaban mútuamente, soy testigo.
Ahora ya no están ni mi mamá María Chávez, ni la mamá de ellos, Minerva Villafuerte. Pero el amor seguirá siendo eterno, de hijo a madre, de madre a hijo, no importa en qué lugar del universo estemos.
Mi mamá me ama... Yo amo a mi mamá.
Había cumplido 5 años en enero; y todavía en el patio de la escuela -que ocupaba una parte del edificio del Concejo Municipal- había huellas de lodo del período lluvioso que estaba terminando. Entonces no había etapa pre escolar, así es que tocaba iniciar la primaria cumplidos los 6 años; pero a insinuación de Alicia (Yolita) Franco, que pasaba unos días en Sucre, mis hermanas Rina y Melba lograron que papá accediera a que me matriculasen aumentándome la edad.
Y así fue como me vi -con uniforme blanco almidonado y botines negros, la rebeldía de mi cabello dominada con moyuyo (una fruta silvestre parecida a la uva, que da una goma muy eficaz); y como útiles escolares un cuaderno de papel periódico a rayas y un lápiz mongol- sentado en una banca que papá mandó a construir para mi uso. Por aula había una especie de canchón, con medias paredes de caña que compartíamos con los alumnos de segundo y tercer grado.
Mi profesora fue doña María Teresa de Vélez. Era una mujer toda dulzura. A mí siempre me trató con cariño, incluso superando las diferencias de la política local, que enfrentaban casi de manera irreconciliable a su marido con mi padre.
El método de enseñanza de doña María Teresa era efectivo: primero las vocales y luego las consonantes, aprendidas acompañando su grafía con canto en coro de su equivalencia fonética. Más tarde, ya estábamos listos para escribir frases. Y de esas, la que más emocionaba a nuestras almas simples de niños semi campesinos, era esa que empezaba haciéndonos repetir: la m con la a, ma; la m con la a, ma: ma-má; ma-má.... Y después, para completar el ejercicio: mi-mamá-me-ama; yo-amo-a-mi-mamá...
No creo que haya oración más perfecta que esa, para aprender los misterios del amor de la madre al hijo y del hijo a la madre. No creo que exista otra frase parecida; por eso tampoco creo que alguien la inventó. Es que esa construcción gramatical está en nuestra naturaleza de hijos. Y en la naturaleza de las madres.
Amar. De eso se trata.
Años después la vida me unió a Minerva Villafuerte, hija de Alicia Franco. Madre e hija se amaban con la devoción que reza la frase que me enseñaron como primeras letras. La misma devoción con que amé a mi mamá María Chávez.
Del amor que Minerva Villafuerte y los hijos que tuvimos, Andrés Enrique y Alicia ("La Tite")Minerva, se profesaban mútuamente, soy testigo.
Ahora ya no están ni mi mamá María Chávez, ni la mamá de ellos, Minerva Villafuerte. Pero el amor seguirá siendo eterno, de hijo a madre, de madre a hijo, no importa en qué lugar del universo estemos.
Mi mamá me ama... Yo amo a mi mamá.
sábado, 20 de abril de 2013
Correa y los desalojos
En España, el Presidente Rafael Correa ha insistido en defender a los ecuatorianos amenazados por los bancos que quieren desalojarlos de sus casas como instrumento para recuperar las deudas que estos adquirieron con el fin de comprarlas.
Y eso está muy bien.
Ha invocado para ejercer tal defensa el derecho de todo ser humano a contar con una vivienda incluso hasta para proteger la intimidad y el desarrollo familiar. Y en semejante cruzada, no ha dudado en llevar su querella contra los banqueros -defendiendo a las personas contra el capital, según dice- a un país extranjero, en el que ocasionalmente está de visita.
Pero lo cierto es que se ha opuesto vigorosamente a que las personas sean desalojadas de sus viviendas. Insisto en que eso está muy bien. Pero mientras tanto aquí en Guayaquil, el gobierno de Rafael Correa está desalojando familias de asentamientos irregulares de población. Y con esos desalojos está afectando a la intimidad familiar, al desarrollo individual, y -lo más importante- al derecho de las personas a tener un techo bajo el cual vivir.
El Presidente Correa en una de sus sabatinas se refirió a las nuevas invasiones que habían ocurrido en las zonas marginales del noreste de Guayaquil. Y ordenó desalojar a las familias que levantaron sus casas en áreas "no consolidadas" donde adquirieron solares a traficantes de tierra. Esa orden se está cumpliendo. Y decenas de mujeres y hombres de toda edad, viven en zozobra a la espera de que en cualquier momento aparezcan piquetes de policías para ejecutar la temible tarea de demolición.
Al igual que los ecuatorianos residentes en España, los que viven en el noreste de Guayaquil se quedarán sin vivienda. Pero también a diferencia de los que viven en España, los de Guayaquil no tendrán quien los defienda. Al contrario, el gran defensor de los desalojados en España, es el que dispone los desalojos en Guayaquil.
Y eso está muy bien.
Ha invocado para ejercer tal defensa el derecho de todo ser humano a contar con una vivienda incluso hasta para proteger la intimidad y el desarrollo familiar. Y en semejante cruzada, no ha dudado en llevar su querella contra los banqueros -defendiendo a las personas contra el capital, según dice- a un país extranjero, en el que ocasionalmente está de visita.
Pero lo cierto es que se ha opuesto vigorosamente a que las personas sean desalojadas de sus viviendas. Insisto en que eso está muy bien. Pero mientras tanto aquí en Guayaquil, el gobierno de Rafael Correa está desalojando familias de asentamientos irregulares de población. Y con esos desalojos está afectando a la intimidad familiar, al desarrollo individual, y -lo más importante- al derecho de las personas a tener un techo bajo el cual vivir.
El Presidente Correa en una de sus sabatinas se refirió a las nuevas invasiones que habían ocurrido en las zonas marginales del noreste de Guayaquil. Y ordenó desalojar a las familias que levantaron sus casas en áreas "no consolidadas" donde adquirieron solares a traficantes de tierra. Esa orden se está cumpliendo. Y decenas de mujeres y hombres de toda edad, viven en zozobra a la espera de que en cualquier momento aparezcan piquetes de policías para ejecutar la temible tarea de demolición.
Al igual que los ecuatorianos residentes en España, los que viven en el noreste de Guayaquil se quedarán sin vivienda. Pero también a diferencia de los que viven en España, los de Guayaquil no tendrán quien los defienda. Al contrario, el gran defensor de los desalojados en España, es el que dispone los desalojos en Guayaquil.
miércoles, 20 de marzo de 2013
El Papa
Es demasiado temprano para juzgar lo que será el pontificado de Francisco.
Pero ya hay señales para destacar que su prelatura será una de las más emblemáticas de los últimos tiempos, porque le ha podido imprimir -en apenas una semana- el sello de la humildad y de la compasión, tan propios del cristianismo.
Alguien me decía hace unos días, que seguramente Francisco era producto del marketing vaticano para utilizarlo como recurso frente a la "crisis" del catolicismo. Y yo le respondía -a esa persona muy querida para mí- que si los Cardenales hubieren elegido un Papa con características similares a las de Benedicto XVI, con toda seguridad no faltarían los que señalaran tal elección como otra evidencia de que la Iglesia no puede salir de los difíciles momentos por los que atraviesa. O sea, palo porque bogas y palo porque no bogas...
A mí, al principio me causó mucha inquietud la elección de un cardenal argentino. Confieso que en eso pesó mucho el prejuicio natural que los argentinos han sabido crear respecto a su forma de ser. Creo que mucha gente pensó lo mismo, por lo menos en esta parte de Latinoamérica, donde hemos tenido que sufrir la tan acentuada pesadez de algunos argentinos. Pero cuando lo ví pedir a los fieles reunidos en San Pedro que oren por él, su gesto me llenó el alma. Imagínense que todos los curas del mundo, en la Misa, pidan a la feligresía que oren por ellos: ese hecho crearía un auténtico compromiso de fe, porque los sacerdotes empezarían por reconocer que son seres humanos.
Y luego, cuando Francisco habló de la Compasión de Dios como signo de amor hacia la humanidad, simplemente ha planteado un esquema del catolicismo que lo acerca a la prédica de Jesus: amaos los unos a los otros. Y Francisco ha sabido perfilar un mensaje sencillo y conmovedor: el poder -ha dicho- es una forma de servicio a los humildes. Y ahí -en el servicio a los humildes, a los necesitados, a los pobres- está la esencia del mensaje que Cristo trajo al mundo. Sin esa lealtad a Jesús -ha señalado el flamante Papa- la Iglesia solo será una gran ONG...
Se puede ser católico o profesar cualquier otra religión. Incluso se puede ser ateo, (que para mí, es una forma extraña de amar a Dios, pero es al fin y al cabo, respeto hacia lo Divino). Pero de lo que no se puede dudar es que el mensaje del Papa Francisco es poderosamente refrescante, como para no perder de vista que tenemos una Misión de trascender en la tierra, cuya expresión más sublime es el amor.
Pero ya hay señales para destacar que su prelatura será una de las más emblemáticas de los últimos tiempos, porque le ha podido imprimir -en apenas una semana- el sello de la humildad y de la compasión, tan propios del cristianismo.
Alguien me decía hace unos días, que seguramente Francisco era producto del marketing vaticano para utilizarlo como recurso frente a la "crisis" del catolicismo. Y yo le respondía -a esa persona muy querida para mí- que si los Cardenales hubieren elegido un Papa con características similares a las de Benedicto XVI, con toda seguridad no faltarían los que señalaran tal elección como otra evidencia de que la Iglesia no puede salir de los difíciles momentos por los que atraviesa. O sea, palo porque bogas y palo porque no bogas...
A mí, al principio me causó mucha inquietud la elección de un cardenal argentino. Confieso que en eso pesó mucho el prejuicio natural que los argentinos han sabido crear respecto a su forma de ser. Creo que mucha gente pensó lo mismo, por lo menos en esta parte de Latinoamérica, donde hemos tenido que sufrir la tan acentuada pesadez de algunos argentinos. Pero cuando lo ví pedir a los fieles reunidos en San Pedro que oren por él, su gesto me llenó el alma. Imagínense que todos los curas del mundo, en la Misa, pidan a la feligresía que oren por ellos: ese hecho crearía un auténtico compromiso de fe, porque los sacerdotes empezarían por reconocer que son seres humanos.
Y luego, cuando Francisco habló de la Compasión de Dios como signo de amor hacia la humanidad, simplemente ha planteado un esquema del catolicismo que lo acerca a la prédica de Jesus: amaos los unos a los otros. Y Francisco ha sabido perfilar un mensaje sencillo y conmovedor: el poder -ha dicho- es una forma de servicio a los humildes. Y ahí -en el servicio a los humildes, a los necesitados, a los pobres- está la esencia del mensaje que Cristo trajo al mundo. Sin esa lealtad a Jesús -ha señalado el flamante Papa- la Iglesia solo será una gran ONG...
Se puede ser católico o profesar cualquier otra religión. Incluso se puede ser ateo, (que para mí, es una forma extraña de amar a Dios, pero es al fin y al cabo, respeto hacia lo Divino). Pero de lo que no se puede dudar es que el mensaje del Papa Francisco es poderosamente refrescante, como para no perder de vista que tenemos una Misión de trascender en la tierra, cuya expresión más sublime es el amor.
domingo, 10 de marzo de 2013
¿Condenados a repetir la historia...?
Una de las conclusiones más inquietantes del resultado electoral del pasado 17 de febrero, reside en advertir el comportamiento del voto de Guayaquil en especial y de la provincia de Guayas en general.
No es muy acertado creer, por ejemplo, que el triunfo de Rafael Correa en todas las líneas significa per se, el final irreversible de al menos 20 años de hegemonía social cristiana. No.
En primer lugar, ese triunfo tiene que ser leído como una victoria personal de Correa, pero sin excluir la incidencia del Prefecto Jairala para que la balanza se inclinara hacia el lado de PAIS, por lo menos en ciertas áreas rurales.
Pero además, la división por circunscripciones del electorado, le restó eficacia al monitoreo tradicional que la maquinaria socialcristiana -y también la del PRE y la del PRIAN- estaba acostumbrada a ejercer; y en cambio le dio a la maquinaria del régimen, toda la contundencia y sobre todo la inmensa ventaja logística que le permitió asegurarse un triunfo categórico.
Me detengo un poco en el análisis: esa estructura de los Comités que con ciertas variantes se había venido administrando más o menos con el mismo estilo desde los años de la CFP de Guevara Moreno y Assad Bucaram, ha sido innovada por una visión puntualmente clientelar, que la encadena de manera cotidiana hasta convertirla en el nexo permanente entre las aspiraciones de barrios y las respuestas que el gobierno les ofrece. Ya no se vieron las peleas por protagonismo entre Pierina y sus grupos -que tienen apetitos propios, con sus propios menús- y Patiño y sus grupos, (también con apetitos y menús propios).
Con este fin, han hecho una utilización eficaz de las redes sociales y de comunicaciones a través de internet. Así también contrarrestan cualquier efecto de las informaciones de la prensa, en especial sobre actos de corrupción qu pudieran afectar a los candidatos. Entonces, mientras todos los otros partidos se quedaron en el clásico Comité que funciona solo para la época de elecciones; el diseño de los estrategas del gobierno se basó en un concepto marketero: manejar cada conexión electoral como se manejan puntos de venta. Ahí estuvo la gran diferencia.
Ahora Correa no ha dudado en reclamar -ya como ganador indiscutible- el premio mayor: quiere la Alcaldía de Guayaquil. Yo creo que los guiños son para Jairala. Y que Jairala todavía nada dice, porque espera evaluar la magnitud de la caída de los socialcristianos y hasta dónde es verdad que Nebot ya no es invencible.
Si los socialcristianos (y Madera de Guerrero, -dicho sea de paso- no entiendo por qué se empeñan en mantener esa diferencia de tienda) se niegan a aceptar que no solo se enfrentarán a Correa, sino a una maquinaria electoral que es distinta en diseño y funcionamiento a la que ellos manejaron con relativo éxito hasta las penúltimas elecciones, estarán condenados a repetir la historia -aquí en Guayaquil- de la terrible derrota electoral que padecieron el pasado 17 de febrero.
Tienen apenas días para corregir.
¿Qué están esperando, cholitos?
No es muy acertado creer, por ejemplo, que el triunfo de Rafael Correa en todas las líneas significa per se, el final irreversible de al menos 20 años de hegemonía social cristiana. No.
En primer lugar, ese triunfo tiene que ser leído como una victoria personal de Correa, pero sin excluir la incidencia del Prefecto Jairala para que la balanza se inclinara hacia el lado de PAIS, por lo menos en ciertas áreas rurales.
Pero además, la división por circunscripciones del electorado, le restó eficacia al monitoreo tradicional que la maquinaria socialcristiana -y también la del PRE y la del PRIAN- estaba acostumbrada a ejercer; y en cambio le dio a la maquinaria del régimen, toda la contundencia y sobre todo la inmensa ventaja logística que le permitió asegurarse un triunfo categórico.
Me detengo un poco en el análisis: esa estructura de los Comités que con ciertas variantes se había venido administrando más o menos con el mismo estilo desde los años de la CFP de Guevara Moreno y Assad Bucaram, ha sido innovada por una visión puntualmente clientelar, que la encadena de manera cotidiana hasta convertirla en el nexo permanente entre las aspiraciones de barrios y las respuestas que el gobierno les ofrece. Ya no se vieron las peleas por protagonismo entre Pierina y sus grupos -que tienen apetitos propios, con sus propios menús- y Patiño y sus grupos, (también con apetitos y menús propios).
Con este fin, han hecho una utilización eficaz de las redes sociales y de comunicaciones a través de internet. Así también contrarrestan cualquier efecto de las informaciones de la prensa, en especial sobre actos de corrupción qu pudieran afectar a los candidatos. Entonces, mientras todos los otros partidos se quedaron en el clásico Comité que funciona solo para la época de elecciones; el diseño de los estrategas del gobierno se basó en un concepto marketero: manejar cada conexión electoral como se manejan puntos de venta. Ahí estuvo la gran diferencia.
Ahora Correa no ha dudado en reclamar -ya como ganador indiscutible- el premio mayor: quiere la Alcaldía de Guayaquil. Yo creo que los guiños son para Jairala. Y que Jairala todavía nada dice, porque espera evaluar la magnitud de la caída de los socialcristianos y hasta dónde es verdad que Nebot ya no es invencible.
Si los socialcristianos (y Madera de Guerrero, -dicho sea de paso- no entiendo por qué se empeñan en mantener esa diferencia de tienda) se niegan a aceptar que no solo se enfrentarán a Correa, sino a una maquinaria electoral que es distinta en diseño y funcionamiento a la que ellos manejaron con relativo éxito hasta las penúltimas elecciones, estarán condenados a repetir la historia -aquí en Guayaquil- de la terrible derrota electoral que padecieron el pasado 17 de febrero.
Tienen apenas días para corregir.
¿Qué están esperando, cholitos?
lunes, 11 de febrero de 2013
¿Qué neoliberalismo? ¿Cuál neoliberal?
Desde que se instaló, el gobierno del Presidente Rafael Correa ha hecho de la prédica anti neoliberal, su enseña. Todo se explica como consecuencia del "fracaso" del neoliberalismo. Nada queda sin explicar de la historia de Ecuador -incluso sin límites de retrospectiva- si no se apela a la descalificación ideológica de todos los gobiernos que se han sucedido por lo menos en la historia reciente. Y entonces se termina tachando de neoliberal cualquier planteamiento que no se ajuste a la única verdad que el régimen sostiene como propia: que estamos en un cambio de época, camino al socialismo del siglo XXI. Y que ese socialismo, es enemigo jurado del neoliberalismo...
Pero esta es una actitud que encierra tremendas paradojas.
La más notoria, es que un gobierno que se proclama legatario de Alfaro, reniega y desmerece su doctrina política. Porque el "neoliberalismo" es hijo del liberalismo. Me explico:
El liberalismo tuvo sus raíces en quienes sostenían que solo podía haber progreso para los pueblos que viven en democracia.
Y democracia no es otra cosa que el sistema jurídico de un Estado de derecho, constituido para respetar y hacer respetar las prerrogativas naturales a los individuos, especialmente aquellas que garantizan la libertad de trabajo y contratación con el fin de generar ahorro y emprendimientos, como pilares de la producción y del empleo. Ergo, el bienestar de la sociedad llega como resultado de la solidaridad que define al Estado como el ente con legítima capacidad para redistribuir mediante tributos racionalmente establecidos y aplicados, la riqueza; y salvaguardar en consecuencia, el derecho de los sectores más vulnerables de la población a gozar de mejores niveles de vida.
Una democracia -sostenían los liberales- se caracteriza por la separación de los poderes del Estado, de modo que cada uno actúe con eficacia en los ámbitos que la sociedad les confía para legislar, garantizar la justicia y administrar la cosa pública. Obviamente ese Estado tenía que ser independiente de cualquier poder coercitivo, empezando por el que se basa en cuestiones religiosas. Para esto, es vital el requisito del laicismo, como sinónimo de respeto a la libertad religiosa.
Ese fue el modelo de Estado que Eloy Alfaro -apoyado en pensadores e ideólogos liberales de finales del siglo XIX- empezó a instaurar con la revolución liberal del 5 de junio de 1895, cuyo epicentro fue Guayaquil.
Ese fue el modelo que lo llevó a construir el ferrocarril, porque Alfaro era un convencido de que la libre movilidad de bienes, servicios y personas, (lo que ahora se llama globalización), constituían la base de una economía liberal. Y ese fue el modelo que a pesar de muchas y variadas falsificaciones, ha estado vigente en Ecuador durante todo el siglo XX, bajo las versiones que decidieron adoptar los dirigentes políticos de turno, incluso las dictaduras militares.
Por neoliberalismo se entendieron a finales de los años 70 del siglo pasado, aquellos planteamientos económicos que, tomando como base las libertades individuales, reclamaban con vigor el cese de la paulatina ingerencia del Estado -a través de decisiones económicas centralmente planificadas por una burocracia onmisapiente- en las decisiones individuales. En esencia, tales planteamientos constituían una respuesta a la visión totalitaria del comunismo marxista-leninista, que dio origen a la Unión Soviética y a su extensión -post segunda guerra mundial- en los países de Europa del Este.
La caída, en 1989, del muro de Berlín, marcó el principio del fin del "socialismo real". No fue a causa de la CIA, ni de conspiradores a sueldo que se derrumbó.
Esa caída fue producto del empuje de los pueblos que no se resignaban a que el Estado decidiera cuántos pares de zapatos -iguales por su mala calidad- podían usar al año; cuántos pantalones y camisas podían adquirir; cuánta comida debían comprar; dónde educar a sus hijos, y a qué universidades debían concurrir los jóvenes para estudiar lo que los burócratas decidían que estudien; dónde divertirse y vacacionar; qué obra de teatro ver, qué libro leer o qué artista plástico admirar; leer una versión única de las noticias, o escuchar una sola radio o ver una sola estación de televisión; que modelo de vehículo comprar, incluso si se trataba de una bicicleta; y hasta cuándo y dónde enfermarse!!
Pero los burócratas gozaban de todo: para ellos, los límites no existían. Simplemente no contaban, porque ellos eran en sí mismo, los límites. (Es como ahora la meritocracia: los burócratas van a decidir qué título profesional vale, aunque hay serias denuncias -una de ellas comprobada a saciedad- sobre títulos falsificados en las altas esferas del poder)
Y entonces el neoliberalismo no surgió como sustituto del socialismo. Porque el liberalismo como ideal de libertad democrática, siempre estuvo ahí: fue la proyección de las respuestas planteadas por pensadores del calibre de un Rousseau, un Mostesquieu, un Voltaire, al absolutismo de la realeza europea. Y después esas respuestas no perdieron actualidad porque fueron continuadas por miles de pensadores e intelectuales, para enfrentar al absolutismo de una burocracia de partido único, hegemónica en el parlamento y en la justicia, que -por ejemplo en la Unión Soviética- decía gobernar en nombre del proletariado, apoyada en un poderoso aparataje militar.
En Ecuador, ese liberalismo fue el de Olmedo, fue el de Rocafuerte, el de Montalvo, el de Peralta; y el de periodistas que usaron la prensa para difundirlo con todo vigor. Alfaro los amalgamó.
Pero a guisa de ser justos, cabe señalar que si acaso hubo un neoliberalismo -como el de Reagan o el de Tatcher, o guardando las distancias, como el de Pinochet en Chile- ése, exactamente ése, aquí en Ecuador no se practicó. Y tanto no se practicó, que una tímida consulta popular en el gobierno "neo liberal" de Durán-Ballén, tiró al basurero la idea de que los afiliados del IESS fueran dueños de sus recursos; para evitar que estos sirvieran para apuntalar -como ahora ocurre con impudicia- los apetitos partidistas de algunos de sus funcionarios.
¿De qué neoliberalismo me hablan, si la visión mercantilista prevaleció al momento de definir las prioridades de inversión?
¿Qué neoliberalismo puede haber, si el Estado mantuvo en sus manos la propiedad y administración de servicios públicos críticos, al punto que el gobierno actual, continuando con esa política, lo único que ha hecho es invertir ingentes recursos en esos mismos servicios, aprovechando la bonanza petrolera?
¿De qué neoliberalismo me hablan, si no hubo independencia en las tres funciones básicas del Estado, y todos terminaron -hasta el actual gobierno- metiéndole la mano a la justicia, o comprando legisladores de alquiler, (recuerdan los diputados de los manteles)?
Esto de achacar neoliberalismo en dónde no hay ni ha existido, me recuerda el viejo chiste de aquel hombre que salió del restaurante robándose los cubiertos de fina plata. Y que al ser llamado por el mesero que había salido tras él, para devolverle el sombrero que había dejado por la premura de irse con lo robado, sorprendido al creerse descubierto en su pequeña ratería, no hacía más que gritar: cuáles cubiertos, cuáles cubiertos, yo no me he llevado ningún cubierto...
¿Qué neoliberalismo? ¿Cuál neoliberal?
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