martes, 31 de diciembre de 2013

Augurios

El nuevo año es motivo para formular augurios.

Generalmente se dicen los buenos.

Y se omiten los otros.

Pero casi siempre tenemos presente que la entrada de un nuevo año no es más que una convención para agregar y desagregar el tiempo, porque la vida con su secuela de instantes felices y tristes, es una sola...  Y lo único que queda es la Esperanza. (Incluso la muerte tiene forma de Esperanza cuando pensamos que nuestro ser amado partió hacia el más allá, para gozar de la Vida Eterna)

Entonces, al final de cuentas, lo que celebramos cuando terminamos un año y le damos la bienvenida al siguiente, es exactamente eso: la renovada oportunidad de esperanzarnos.

Esquilo, en Prometeo Encadenado, dice que el desafío a los dioses que le valió el terrible castigo al Titán, fue haber puesto en los mortales "ciegas esperanzas" además de haberles concedido el fuego.

Y fuego y esperanzas son los elementos con que celebramos sucesivamente la finalización y el inicio de un año. De una u otra manera, es lo que expresamos en el abrazo afectuoso con el que acompañamos a nuestros familiares y amigos -contemplando la hoguera bulliciosa la noche del 31 de diciembre de cada año- mientras deseamos felicidades. 

Que tengan un buen año 


domingo, 22 de diciembre de 2013

Guayaquil: la joya de la corona correísta

Rafael Correa ha convertido a Guayaquil en una especie de joya de la corona que su reino necesita con urgencia adquirir.  Su urgencia está marcada por las elecciones del 23 de febrero: él quiere que en esa fecha la ciudadanía escoja entre el modelo de gestión municipal y el suyo.

La sabatina de este 21 de diciembre no deja duda al respecto: le dedicó un gran segmento de su alocución semanal a atacar, amenazar, burlarse y disminuir la obra del municipio de Guayaquil, primero bajo la conducción de León Febres Cordero y desde 2000 a cargo de Jaime Nebot.

Para sus ataques utiliza dos argumentos: el primero es reconocer que sí se ha hecho obra pública municipal; pero que esta debería ser de mejor calidad, porque -lo aseveró- mientras en Isla Mocolí se construyeron rápidamente calles de hormigón, en Isla Trinitaria sus habitantes apenas cuentan con calles pobremente asfaltadas. Lo demás es lodo y polvo.  Y ahí pretende marcar diferencias entre pobres y ricos, bajo la pretensión de aprovechar la brecha para construir un discurso que lo autoproclama defensor de los primeros y enemigo de los segundos. Concluyó con una amenaza: pondrá en Mocolí un programa de vivienda popular, aunque -así se le chispoteó la broma- tal vez facilite que los ricos tengan a mano sus choferes y empleadas domésticas. (Seguro que en su frenesí, olvidó que en la isla pelucona viven connotados amigos de su gobierno)

Pero lo que en su afán de revanchismo irracional pasa por alto, es que Mocolí no pertenece a Guayaquil. Y que Trinitaria es el resultado de invasiones y, por lo tanto, los asentamientos habitacionales que ahí se establecieron, fueron hechos al margen de cualquier planificación urbana elemental. De esto -como todo el país sabe- no es culpable Nebot, pues tales invasiones ocurrieron a finales de los años 80 con la construcción de la Perimetral.  Como tampoco son culpables Nebot  ni los socialcristianos-maderadeguerrero, de los asentamientos construidos rellenando los esteros en el suburbio oeste (desde las primeras décadas del siglo XX), ni en los Guasmos, (a finales de los años 70).

El otro argumento es que Guayaquil no tiene parques.  Sostiene  que es la ciudad con menor cantidad de áreas verdes per cápita, y cita a su favor, un estudio dizque hecho por la Organización Mundial de la Salud, que lo he buscado en su portal de Internet y no está en los archivos de la OMS.  Quizá Correa no recuerda cómo eran los parques de Guayaquil hace 20 años. Porque pasar por alto la diferencia entre lo de antes y ahora, es insultar la capacidad de observación de los guayaquileños. ¿Quien no recuerda, por ejemplo, cómo era lo que hoy es el Malecón de El Salado?

No hay que decir más.  Con ese recuerdo basta.  Lo que sí es verdad es que en Guayaquil, la relación entre número de habitantes y metros cuadrados de áreas verdes todavía no es la ideal. Pero  según el Banco Interamericano de Desarrollo-BID, Guayaquil si bien no está entre las primeras de América Latina, tampoco está última.  Entonces no es que la ciudad es una catástrofe por falta de espacios verdes. No señor.  Alguien le miente al Presidente para hacerle decir tamaña barbaridad.

Finalmente, el Presidente Correa mencionó varios proyectos de desarrollo urbano, que incluye un nuevo malecón y un tren urbano sobre superficie, para emular al metro que le construye a su alcalde capitalino.  Hay que pedirle una sola cosa: si no gana las elecciones del 23 de febrero, tiene que comprometerse a cumplir con esos proyectos, que ya los anunció como obra de su gobierno para Guayaquil.  No puede dejar de cumplirlos. Porque no hacerlos, equivaldría a castigar a la ciudad porque no le dio el gusto de sentarle en el Sillón de Olmedo a una ex empleada suya...

Y a propósito de la ex gobernadora, ¿por dónde andará, mientras su ex jefe se desgañita haciendo ofertas electorales, no para que voten por ella, sino para que le den la Joya que tanta falta le hace a su Corona?




sábado, 16 de noviembre de 2013

Economía y Política

Pablo Lucio Paredes acaba de ser objeto de una andanada mediática -linchamiento- por parte del Presidente de la República, a propósito de replicarle un artículo ("Más economía y menos política") que publicó en El Universo del sábado 9 de noviembre.

Confieso que no siempre estoy de acuerdo con Lucio Paredes.  Y que en ese artículo realmente pecó de elemental -debilidad en la que se basa el ataque de Correa- al afirmar que en otros países de la región, hay más interés por las actividades de la producción que por las decisiones que toma el Estado.  Palabras más, palabras menos, ese fue el sentido de su artículo.

Pero Lucio Paredes ha puesto sobre el tapete un tema que nunca pierde actualidad: la relación entre economía y política.  En verdad así como no hay, ni puede haber, una economía "pura" sin política, tampoco hay política que pueda hacerse al margen del desempeño de la economía.  Y esto incluye a todos los niveles del gobierno: central, provincial, municipal.

Un solo ejemplo ilustra esto: si usted es un pequeño emprendedor, que tiene algo de capital; y advierte que hay un entorno adverso porque se anuncia una revolución permanente, y porque en ese contexto revolucionario se promueve una división social que espera ser solucionada dictando leyes para que los pobres coman pan y los ricos mierda; usted: 

 (1)    ¿Confiará en las leyes que se expidan -porque nada más ni nada menos que la Presidenta del máximo órgano legislativo, fue la que formuló esa aspiración escatológica- en nombre de la revolución?; o

(2)    ¿Preferirá quedarse como pobre y no hacer reproducir sus recursos, porque de hacerlo con éxito, (es decir, de crecer económicamente, y tal vez volverse rico), estará condenado a compartir los gustos coprófagos de una parte de los revolucionarios?

Entonces queda claro que sí hay una relación entre economía y política. Y que la preocupación de Lucio Paredes es válida cuando se la formula preguntándose ¿cuál es la conducción económica que conviene respaldar, para garantizar las aspiraciones de progreso de los ciudadanos?

Porque la economía -en una sociedad auténticamente democrática- está relacionada con el ejercicio político de las libertades, entre ellas las de emprender, producir, contratar, opinar.  Cuando -como ocurre en Venezuela- el gobierno dictamina por decreto cuál es el precio "justo" de un producto, a guisa de regular las utilidades, hace intervenir a la política con poderes absolutos, sobre la economía.  

Ojalá acá eso nunca ocurra.




miércoles, 13 de noviembre de 2013

Política vs. "belleza y juventud"...

Correa ha confundido los atributos físicos con los políticos; y eso ha pesado en la designación de una "joven y bella" mujer -según el gusto del Presidente- para que compita con Nebot por la Alcaldía de Guayaquil.  

(Si usted quiere ser maligno en la interpretación, tal vez le daría la razón a Correa, porque pensaría que éste habría llegado a la conclusión de que SU anterior candidata a la Alcaldía no cumplía esos requisitos de belleza y juventud. Y que por eso perdió con una paliza electoral de tal contundencia, que terminó relegándola a un rincón del Ministerio de Transporte en el cual todavía sigue lamiéndose las heridas)

Pero en la política la belleza no tiene mucho que ver con las decisiones de los electores.  En 1966, Assad Bucaram competía por una elección legislativa con Otto Arosemena Gómez.  Don Buca era en verdad feo, rasgo que se le acentuaba por una lamentable deformidad física producto de alguna enfermedad.  Y para sacarle ventaja a su desmejorada condición física, apabulló a Arosemena con el mote de Otto el Guapo y -para exagerar- decía que mientras él olía a agua y jabón de rosas, El Guapo se pintaba las uñas y tenía los sobacos perfumados.  Don Buca ganó por largo margen esa elección, aunque Arosemena también arañó una diputación a la Asamblea Constituyente de 1966-67, en la que con un solo voto, le ganó la Presidencia de la República a Raul Clemente Huerta. 

En estos días, la poco agraciada y no muy joven Angela Merkel ganó abrumadoramente las elecciones en Alemania, sobreponiéndose a los agoreros que la culpaban de la crisis europeaa por su manejo férreo de la economía del euro. Pero los alemanes, rigurosos como son para sus decisiones políticas, obviamente no la votaron para que vaya a un concurso de belleza, sino para que mantenga los éxitos que ha obtenido en 8 años de gobierno.  

Es que en Ecuador como en cualquier parte del mundo, la gente se adhiere a los políticos porque ven en ellos un instrumento para cumplir sus objetivos ciudadanos.  No votan a los políticos únicamente por jóvenes o por bellos.  Los votan porque confían en sus ejecutorias, porque valoran sus experiencias, porque objetivamente constatan que sus condiciones de vida han mejorado y pueden mejorar más.   Esto explica el voto favorable que ha cosechado el Presidente Correa a nivel nacional desde las elecciones de 2006. Y esto explica también el voto favorable que ha obtenido Nebot en Guayquil desde el año 2000.  

En política, belleza y juventud pueden ser atributos deseables. Pero no son determinantes. Ni necesarios. Los guayaquileños que sabemos cómo era la ciudad hasta 1992, ¿votaremos por una propuesta en la que solo se advierte el interés del Presidente de la República de sentar en la Alcaldía a una empleada suya?  ¿O conservaremos un gobierno municipal independiente, que no permita que le arrebaten a la ciudad su Puerto, como le arrebataron a la Provincia de Guayas sus balneariios más importantes? 






viernes, 25 de octubre de 2013

Mi Alma Mater

Alma Mater es un latinajo, que literalmente quiere decir Madre Nutricia. O sea, la madre que es fuente de alimentación. Fuente de vida.  Y eso es la Universidad: proveedora por antonomasia de alimento intelectual, para asegurar la vida de la sociedad.

No por otra cosa existen las universidades. Es que no son "fábricas" de profesionales. Tampoco son sistemas que deben funcionar para cumplir minuciosos requisitos inventados por burócratas y solazarse en tener sellos de excelencia.  La Universidad es eso y mucho más.  La Universidad es la fuente donde bebe conocimientos la sociedad.  La Universidad es -tiene que ser- un centro de intercambio de pensamientos, de debates, de experimentación, a partir de los cuales se va transmitiendo y construyendo cultura, arte, ciencia y tecnología.

Mi Alma Mater es la Universidad de Guayaquil, a la que algunos despistados -incluso a pesar de haber obtenido el título profesional del que se vanaglorian, en sus aulas- le agregan el témino "Estatal".  La Universidad "Estatal" no existe.  Nunca ha existido. La Universidad de Guayaquil ha dejado de existir, antes de cumplir 146 años de vida.

Y ha dejado de existir porque ha sido tomada por burócratas, encabezados por un señor del altiplano, moñudo, con acento de "sabio" que aprovechándose de la mediocridad en la que ha caído la dirigencia universitaria, simplemente vino a consumar la metida de las pezuñas del gobierno en su estructura.  Porque al fin y al cabo eso es lo que ha ocurrido con la intervención decretada contra la Universidad de Guayaquil.

En mis años de estudiante universitario, hubiésemos sacado a correazos nacidos del pensamiento libre -y no precisamente son, los que se dan con correa- a invasores de esa calaña.  Lo hicimos unidos, profesores y alumnos.  Recuerdo los días obscenos cuando la pandilla ATALA se apoderó de la Universidad.  Les dimos batalla, sin apelar a la violencia -aunque fuimos víctimas de algunos ataques físicos de ese grupo- derrotándolos con más democracia, con más debate, con más exigencia académica, con menos condescendencia a la mediocridad.  Lo de obsceno devino maridaje creado para que convivieran ciertas instancias docentes, administrativas y estudiantiles.  Pero las denunciamos. Y las contuvimos.

No las erradicamos porque quedaron larvadas.  Y tal vez ése fue el error. Porque después, poco a poco se apoderaron de la cátedra, de la investigación, de la dirigencia estudiantil, hasta pervertir la esencia misma de la Universidad.  Erradicar esa perversión es el pretexto esgrimido ahora, para intervenirla. Lo hacen seguros de que ese crimen quedará impune...

Y aunque a veces el crimen purifica, dudo que se obtengan buenos resultados con la intervención decretada por el Consejo de Educación Superior bajo protección policíaca, mientras estudiantes, profesores y administradores, no fijen un nivel mínimo de desempeño para buscar la excelencia, primero como núcleo de avanzada del conocimiento científico y tecnológico, aplicado a la producción para beneficiar a la sociedad; y, segundo, como una comunidad de ideas y doctrinas, sin posturas sectarias o descalificadoras y donde el espacio tenga apenas como límite, la libertad.  Si no lo hacen, vendrán más y más intervenciones, de la mano del moñudo o de quien lo sustituya. Ya lo verán.

Esa Universidad convertida en laboratorio del conocimiento, es la que hay que buscar.  No la que se ajuste a los moldes de la revolución ciudadana o como quiera que se llamen las revoluciones ahora.  No, porque lo que se obtendrá será una Universidad "funcional" a las necesidades que la hegemonía del poder político, busca obtener.  Y, fatalmente, lo está obteniendo.


martes, 22 de octubre de 2013

100 años

Hace 100 años nació mi mamá.  Es un buen día para recordarla.

Una de las características que María Salomé Chávez Bailón tenía, era su obsesión por la limpieza.  En todos los sentidos.  Era tan puntual en ese cometido, que aún los gatos de la casa recibían severas lecciones de disciplina para que observaran las reglas.  

Hasta donde recuerdo, la casa inmensa de Sucre era día tras día sometida a una minuciosa tarea de aseo, que ella comandaba.  Había jornadas que incluían baldeo y encerado de los pisos de tabla, con lo cual ahuyentaba polillas y otras clases de insectos; la limpieza escrupulosa de los vidrios de las ventanas, que se llenaban de cagadas de moscas; el exterminio sin misericordia de cucarachas -con una fórmula original que incluía verter en los rincones agua hirviendo para quemar los huevos de los asquerosos bichos- y de las arañas; y la prevención para que las ratas no prosperasen como huéspedes no deseados, que contemplaba la eficiente ayuda de los gatos...

Ni las partes altas de la casa se escapaban del paso de escobillones. Ni los exteriores.  Mamá hacía esas labores agotadoras con cierta regularidad,  acompañada por los hijos a quienes asignaba parte de las  tareas atendiendo a sus condiciones de edad y capacidades físicas.  

Alguno me dirá que no hay nada extraordinario en ese tipo de trabajo; pero si agrego que había que preparar una minuciosa logística para superar la escasez de agua -porque en esos años, en Sucre no se contaban con instalaciones domiciliarias para abastecerse del líquido, sino que se adquirían "cargas" de agua en barriles transportados por burros- se comprenderá lo duro de la tarea.  Años después, papá construyó una cisterna sobre la superficie que se llenaba con el agua de lluvia recogida desde el techo de la casa a través de canaletas.  Y con esa agua se abastecía la casa para sus necesidades, complementada con la que mediante bombeo nos proporcionaba Daniel Loor desde unos pozos someros que tenía a más de una cuadra.  

A veces a mi mente acuden lúcidos, los recuerdos de esos años en que el mundo transcurría más lento,  lo que hacía la vida apacible.  Mi mamá está siempre presente, como lo está hoy cuando celebro mediante este blog sus 100 años de nacimiento.  Ella vivirá para siempre. 






sábado, 19 de octubre de 2013

Otra vez, el Puerto

Apelo al título de la columna que publica en El Universo de hoy, Walter Spurrier Baquerizo, para referirse al tema del puerto de Guayaquil. Y lo hago movido no solo por el contenido del artículo citado, sino también por lo expresado en su sabatina por el Presidente Rafael Correa.

Lo primero que debe quedar claro es que el tema portuario no atañe solamente a una disputa                  -cualesquiera que sean sus motivos- entre el Presidente de la República y el Alcalde de Guayaquil.  Ambos mandatarios son apenas un episodio en la vida de la ciudad y de Ecuador.  Con esto quiero decir que Presidentes y Alcaldes se sucederán en sus cargos por los siglos de los siglos. Pero Guayaquil es un referente sustancial de la ecuatorianidad.  Es -más o menos- tan absurdo como si alguien quisiera plantearse a Estados Unidos al margen de Nueva York.  O a España sin Barcelona.  O Alemania sin Hamburgo. O Inglaterra sin Liverpool.  

Lo segundo que debe quedar claro es que la polémica surgió por una propuesta del gobierno a través del Plan de Movilidad contratado con unos consultores españoles; y en el que se proponía -tal como Spurrier lo recuerda en su columna de hoy- "aprovechar la actual terminal de Contecom (o sea el Puerto marítimo) para su reconversión como el principal terminal de cruceros del Ecuador, con un moderno y emblemático edificio terminal, dotando de todas las facilidades para que pueda ser usado como puerto base de las principales navieras".  Si alguien sabe leer e interpretar, concluirá que "reconversión" quiere decir transformar; y que el Plan del gobierno pretende eso: transformar al puerto de Guayaquil en una simple terminal de cruceros y -además- en puerto de cabotaje. 

En tercer lugar, si solo se tratase de una propuesta mal escrita en el también pésimamente escrito Plan de Movilidad del gobierno -yo he leído su versión No. 3 y algunos parajes del documento parecen escritos por principiantes-  bastaba con que el Presidente de la República dijera que eso no se aplicaría; que Guayaquil seguirá siendo el Primer Puerto Marítimo del Ecuador y que sus instalaciones de muelles de aguas profundas, se construirían sin afectar a su estructura y organización. Punto. Ahí se acababa la polémica. 

Pero no.  El Presidente Correa ha dicho en varias oportunidades que su objetivo es arrebatarle a "la oligarquía guayaquileña" el supuesto control que han tenido sobre las actividades portuarias de la urbe.  (¿Cuál oligarquía, si los que ahora manejan el puerto son sus muchachos encaramados en Autoridad Portuaria y que actúan bajo las órdenes de su ministra Duarte?) Y ha agregado que para cumplir ese propósito, buscará sacar al Puerto, del Golfo.  Así lo dijo.  El que lo duda que revise las sabatinas y la intervención que tuvo en el acto de su gobierno realizado el pasado 9 de Octubre en la explanada del Estadio Alberto Spencer.  

Entonces, en cuarto lugar, el Presidente Correa no tiene que ponerse en el plano de ser el que decide por su propia voluntad, dónde se construirá el muelle de aguas profundas que se incorpore al sistema portuario de Guayaquil.  Solo tiene que dejar que la técnica lo decida. Y no interferir bajo ningún pretexto, en el manejo del destino portuario de la ciudad. Hay que respetar la naturaleza portuaria de Guayaquil, que está en sus genes.

Todo cuanto diga el Presidente para calificar a Nebot como "mentiroso" por su posición de defender la calidad portuaria de Guayaquil, le va a rebotar. Y le va a quitar votos a su pretensión de ser también Alcalde de Guayaquil.  Entonces lo mejor que puede hacer Rafael Correa es desembarcarse honrosamente del asunto, no endosándoselo a sus subordinados, sino asumiéndolo frontalmente.  Tiene que decirle al Alcalde Nebot:  el muelle de aguas profundas del Puerto de Guayaquil se construirá dentro de la jurisdicción cantonal. Y punto.