lunes, 27 de febrero de 2012

¿Y tanta bullaranga, para qué?

Concluyó el caso de EL UNIVERSO como tenía que concluir: con una retirada estratégica del gobierno del Presidente Rafael Correa, incapaz de sobrellevar la dura condena internacional que Ecuador estaba sufriendo, a causa de un juicio en el que jueces de por lo menos idoneidad cuestionable, favorecieron al ciudadano Rafael Correa.

Pero yo había decidido esperar esta etapa -que ya se la advertía, y que era conocida por muchos desde hace mucho tiempo- para presentarles un rápido análisis del artículo de Emilio Palacio, (NO A LAS MENTIRAS, El Universo, 2011-02-06) y establecer qué mismo fue lo que motivó el tan bullado enjuiciamiento.

Lo primero es el contexto: se trata del "chapazo" del 30 de septiembre de 2010. Y en este escenario, Palacio discurre en torno a la posibilidad -según dice, anunciada por el gobierno- "de perdonar a los criminales que se levantaron el 30 de septiembre, por lo que estudia un indulto". Frente a eso, Palacio se adelanta a rechazar tal beneficio en caso de ser incluido en el indulto, ya que alude haber sido mencionado por una de las cadenas informativas que el gobierno emitió respecto a la dicha rebelión, como "uno de los instigadores del golpe"... Y más adelante afirma: "Si cometí algún delito, exijo que me lo prueben; de lo contrario, no espero ningún perdón judicial sino las debidas disculpas" (por haber sido señalado en las cadenas del régimen como uno de los instigadores del 30-S)

Y aunque en su artículo 8 veces llama Dictador a Correa, también lo reconoció como "devoto cristiano, hombre de paz" evocando que por ser dichas virtudes suyas, "no pierda oportunidad para perdonar a los criminales. Indultó a las mulas del narcotráfico, se compadeció de los asesinos presos en la Penitenciaría del Litoral, les solicitó a los ciudadanos que se dejen robar para que no haya víctimas, cultivó una gran amistad con los invasores de tierras y los convirtió en legisladores, hasta que lo traicionaron"

Palacio sostuvo que hasta la fecha en que escribió su opinión, "(...), todas las 'pruebas' para acusar a los 'golpistas' se han deshilvanado". Y en favor de sus asertos habla de la inocencia de Fidel Araújo cuyos "acusadores tuvieron que sonrojarse ante la palpable demostración de que los chalecos blindados simplemente no se pueden ocultar".

En su argumentación Palacio sostiene que "El Dictador reconoce que la pésima idea de ir al Regimiento Quito e ingresar a la fuerza fue suya. Pero entonces nadie pudo prepararse para asesinarlo ya que nadie lo esperaba"; y concluye ofreciéndole "una salida: no es el indulto lo que debe tramitar sino la Amnistía en la Asamblea Nacional"

Y para abundar en su tesis remata con lo siguiente: "El Dictador debería recordar, por último, y esto es muy importante, que con el indulto, en el futuro, un nuevo presidente, quizás enemigo suyo, podría llevarlo a una corte penal por haber ordenado fuego a discresión y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente.- Los crímenes de lesa humanidad, que no lo olvide, no prescriben"

Hay exactamente 60 palabras en la última cita. Y ni en ellas, ni en las anteriores 507 de las que consta el artículo, encuentro -a más de frases duras contra el "dictador"- otro afán que el de refutar la verdad oficial, propio de un columnista claramente opositor al régimen.

La intencionalidad de Palacio es abogar porque en vez de indulto se tramite una amnistía a los acusados del chapazo. Pero en ninguna parte le dice al Presidente Correa, llamándolo por sus nombres y apellidos: lo acuso de haber cometido un crimen de lesa humanidad. Lo más cercano a eso está en la hipótesis mal construida, de que en el futuro, otro presidente de la República podría llevarlo a una corte penal "por haber ordenado fuego a discresión y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles y gente inocente". Y la alusión a que los crímenes de lesa humanidad no prescriben, es solo un recurso para ponerle énfasis a su razonamiento en favor de la amnistía.

Palacio pudo ser acusado de usar mal las reglas de la construcción gramatical. Y eso no requería hacer pasar al País por tanto bochorno. Ni dejar a los jueces de la nueva Corte Nacional, peor que palo de lora. Y al sistema nacional de Justicia en peor predicamento que cuando lo manejaba la "partidocracia"...

sábado, 25 de febrero de 2012

Victoria pírrica

Pirro fue el rey griego que originó el nombre de victoria pírrica para denominar en la guerra aquellos triunfos que pueden ser eficaces pero ineficientes. No me detendré en detalles sobre la vida de este emperador, que fue promotor de constantes batallas; pero que ha pasado a la historia de la humanidad porque su ímpetu de "ganador" lo llevó, finalmente, a la derrota. Dicen que fue asesinado después de que una anciana en un desfile militar lo impactó con una teja y mientras yacía sin sentido "fue ejecutado en vida" como diría un asambleísta cualquiera de estos días...

Evoco a Pirro no para compararlo con Rafael Correa, sino para consignar que la victoria que los jueces complacientes de la Corte Nacional -designados por su gobierno- le concedieron negando la casación y confirmando en consecuencia el fallo de los jueces chucky seven, en el caso de El Universo, fue eficaz pero adolece ineficiencia.

Tan ineficiente ha sido, que nunca antes había visto al victorioso Correa proclamar sus triunfos literalmente arrinconado. Ahora duda de todos. Y no deja de caer en contradicciones.

Por ejemplo, en una parte de su alocución de este sábado 25 de febrero, dijo que el New York Times es un diario serio porque despidió a un periodista al que -según él- se le comprobó que mentía. Pero no le otorgó igual seriedad, cuando aludió al editorial del mismo diario neoyorkino que por segunda ocasión condenó los ataques de Correa a la prensa independiente del Ecuador.

Advierto que pese a sus gestos, no oculta la terrible amargura que el caso de El Universo le provoca. Mejor dicho, es su lenguaje corporal, su expresión facial, lo que denota su estado emocional. Hoy lo ví más fuera de sí que de costumbre, tan lleno de iracundia que su sonrisa no podía encubrirla.

Luce como el niño caprichoso en pleno berrinche porque le han robado el caramelo de la boca. La intervención de la CIDH y la carta de varios ex presidentes de países americanos -entre los que está Carter, de quien Correa se ha declarado firme admirador- así como el asilo de Carlos Pérez en Panamá, le movieron el escenario y convirtieron el triunfo que le dieron los complacientes jueces de la casación, en una típica victoria pírrica, porque ya no podrá usar la remisión que anunciará el próximo lunes 27, como demostración de su espíritu tolerante y perdonavidas. El perdón que le dará a El Universo y a los Pérez saldrá manido. No tendrá la frescura de lo espontáneo ni la nobleza de quien es magnánimo.

Y al final, el mensaje que hoy ha transmitido es el del que se siente irrevocablemente acorralado, atrapado en sus propios mitos, en sus propias mentiras, en sus infinitos temores, y en las fantasías que el poder ha creado sobre su psiquis: llamó al pueblo a una concentración en la Plaza Grande, para apoyar a su gobierno contra las movilizaciones que para el 8 de marzo han anunciado los de la Conaie, Pachakutik y algunos de sus ex aliados de la izquierda "infantil".

Pero cuidado. Correa no está derrotado. Es un triunfador en toda la línea. Solo que su triunfo es -por primera vez, desde 2007- ineficiente. Terriblemente ineficiente.

Seguramente terminará diciendo como Pirro: después de otro triunfo como este, me quedaré solo.

Y ese es realmente el problema de Correa: se está quedando solo. En absoluta soledad, a pesar del coro que lo aplaude. En absoluta soledad a pesar de sus ministros sonrientes que tampoco ocultan la terrible preocupación que los persigue por un futuro que ya advierten incierto. En absoluta soledad porque sus jueces, no serán capaces de quemarse dos veces porque no pueden; y porque no deben...

Correa no es Pirro. Pero miren lo que le está pasando. Y lo que le puede pasar.

martes, 21 de febrero de 2012

¡Aminta...!

De Aminta Buenaño nunca tuve una buena opinión. Me pareció arribista, incluso en su ejercicio pretendidamente intelectual. Y a mí me consta cómo se desvelaba por tener una columna en El Universo. Y cuando la obtuvo, cómo se desvelaba por agradar a los socialcristianos, en especial a Jaime Nebot...

En todos los casos, Aminta hacía gala de su pretendida condición de montubia. Y para eso adoptaba una pose de desenfado social, con la que ensalzaba su realismo mágico de irredenta arribista.

Por eso no me sorprendí cuando se enroló en las filas de la revolución ciudadana. Tampoco me sorprendió su actitud de hostilidad a la gestión del Alcalde de Guayaquil, porque era obvio que ahí se enmascaraba su ambición de escalar en la estructura del poder que con tanto entusiasmo contribuía a crear desde su ignara postura socialista, a propósito de la Constituyente de Montecristi.

Sin establecer un exhaustivo paralelismo, Panchana se le quedaba corto en objetivos y prácticas. Ahí donde este era taimado y locuaz, ella era silente y audaz; ahí donde Rolando usaba su pretendido "carisma" de comunicador, ella se maquillaba de pueblo montubio, para reivindicar sus frustraciones personales, detrás de intereses colectivos; y ahí donde Panchana quería aparecer como el padre de un nuevo orden para institucionalizar a la prensa dentro de los parámetros del socialismo del siglo XXI, ella apenas era la hijastra de un amasijo de ideas a las que veneraba por conveniencia... Pero ha sido más eficaz que Panchana.

Esa eficacia la llevó a ser embajadora en España, donde acaba de protagonizar uno de los actos más abyectos para cualquier persona decente: la deslealtad a los principios. Ella, que escribió en El Universo, ahora como embajadora de Correa defiende la sentencia que condena al diario y a sus directivos. Lo mínimo que debía hacer era quedarse en silencio. O mandar a otro a defender lo indefendible...

Porque las preguntas de rigor son muy simples pero difíciles de responder: ¿cuando Aminta escribía en El Universo, ese diario era diferente al que ahora es objeto de los ataques de Correa? ¿Qué cambió en El Universo para que ahora merezca los ataques de su ex columnista Aminta Buenaño?

Pero no. Como para explicar que esas preguntas no tienen respuestas, quiero comentar que Aminta ha creído su deber atacar a El Universo en una carta enviada a los medios de comunicación de España, tratando de explicar y justificar la sentencia que favoreció a su nuevo jefe. Y no es que valga la pena desenmascarar a la embajadora de Ecuador en España por lo que ha dicho. Sino por el precedente que su actitud comunica para la prensa libre del Ecuador.

No me extrañaré cuando, después de algún tiempo, Buenaño aparezca en la otra orilla, atacando a Correa...

sábado, 18 de febrero de 2012

¿Escucharon las desmesuras de hoy...?

Desde hace tiempo vengo sosteniendo que el Presidente Correa es víctima de la hybris, aquel terrible mal que los griegos atribuían a la desmesura en que caían los hombres, cuando por gozar del poder llegaban a creerse invencibles. Y hoy, después de ver la sabatina grabada ayer, he llegado a la conclusión de que incluso su lenguaje facial, configura que está poseído de la hybris.

Porque si no es así, entonces ¿cómo explicar esa imagen de matoncito, pretendiendo combatir así la matonería que atribuye a otros? Esto es inadmisible para un Estadista. Talvez sería explicable en un dirigente estudiantil. Quizá hasta deseable en el líder de algún sindicato.

Pero que un Presidente Constitucional de la República, llame cobarde a su adversario ocasional que ahora es legislador y antes su alumno boy scout, según reveló; y que en un rapto incontenible de iracundia lo desafíe a través del programa oficial de información de su gobierno, a buscarlo dizque para ver quién es más valiente, con el fin de enfrentarse "uno a uno", desborda toda norma elemental de comportamiento respetuoso para con sus conciudadanos que cualquier Jefe de Estado tiene la obligación de observar.

Si mal no recuerdo, en alguna parte leí que Idi Amín, el extravagante dictador africano, solía cometer esos desafueros.

Yo creo que envalentonado por el "triunfo" que le otorgaron sus jueces, el Presidente Correa va por otra pieza mayor. No es, ciertamente, Roche su objetivo. Es Nebot. Lo va a buscar. Y para eso, tomará como pretexto el monumento a Febres-Cordero, que no es que no quiere que se le levante uno, sino que él quiere que se lo erija en el lugar y el sitio que a él le parezca aceptable.

Buscará a Nebot porque después de la prensa y los periodistas, necesita maniatar al único político con capacidad de convocatoria para enfrentarlo. No hay en el país otro que Nebot. Y así como Chávez usó en Venezuela a la justicia para perseguir a un opositor por el delito de tener su casa decorada con pieles de animales salvajes y guardar varios vehículos en sus garajes, así mismo Correa perseguirá a Nebot por atentar al patrimonio de La Planchada en las Peñas. Y lo hará con la satisfacción de algunos guayaquileños.

Los griegos decían que la desmesura provocada por el poder, o la hybris, era una forma de locura con que los dioses castigaban a los ambiciosos para que ellos mismos se destruyesen, como castigo a su orgullo, a su soberbia, a sus afanes de prevalecer humillando a los demás. El castigo para estos extravíos era la némesis, que los obligaba con dolor a regresar a su condición original de seres respetuosos de los demás. O sea, a recuperar la condición humana...

¿Será Correa la víctima moderna de los dioses? ¿Tendrá su némesis en castigo a su desemsura?

sábado, 11 de febrero de 2012

¡Bachiller!

Cada vez que veo toda la parafernalia con que los jóvenes se aprestan a recibir su "investidura" de bachiller de la República, vienen a mi memoria los acontecimientos que viví con esa oportunidad hace muchos años.

Resulta que obtuve el bachillerato 2 años después de lo planificado, porque reprobé segundo y quinto año en los Colegios Olmedo de Portoviejo y Aguirre Abad de Guayaquil.

Y para llegar a esa meta, pasé por momentos verdaderamente dramáticos que estuvieron a punto de hacerme repetir el último curso, pero que gracias a una especie de acuerdo tácito con las autoridades del Aguirre, logramos empatar la situación con una disyuntiva muy simple: no me graduaba en enero, pero sí en abril. Y si querían dejarme para junio, entonces desafiaría a las autoridades matriculàndome otra vez en sexto, para que vieran lo que era bueno... (A la sazón yo era un dirigente estudiantil reconocido, respaldado nada más ni nada menos que por un palmarés de dos huelgas exitosas, sin contar manifestaciones públicas y otros actos de protesta, y la edición de un periódico mural que daba mucho de qué hablar)

Lo cierto es que para abril estaba montado el tinglado de un enfrentamiento público con por lo menos dos de los miembros del Tribunal examinador, encabezados por el Rector, quienes finalmente me graduaron con 8 sobre 10.

Al margen de lo anecdótico, era diferente ser bachiller a finales de los años 60 del siglo pasado, de lo que fueron los posteriores bachilleratos. En primer lugar, esa fue una de las últimas generaciones en las que el título de segunda enseñanza servía como referencia de conocimientos con el fin de aspirar a un trabajo en el sector público o en el privado. En segundo lugar, esa generación obtuvo el libre ingreso a las universidades, bastando únicamente para ese fin exhibir el título de Bachiller. Y en tercer lugar, al no tener que rendir un examen de ingreso para entrar a la universidad, las siguientes promociones de bachilleres fueron poco a poco despreocupándose de su nivel de aprendizaje, de modo que ya no se hacían distinciones entre los Colegios basàndose en comparar cuántos de sus graduados habían accedido a la Universidad.

Pero los bachilleres de esas épocas, también mnarcábamos diferencias con quienes nos precedían. Por ejemplo, nosotros sí le cantábamos a El Ché porque era parte de nuestra estructura de protesta (no el snob de Correa y Patiño, y hasta de Alexis); y cuando gritábamos frente al consulado de Estados Unidos la consigna del Comandante de "crear uno, dos, tres vietnams", no estábamos sino evidenciando que éramos anti imperialistas hasta los tuétanos, a pesar de que nos gustaban los Beatles -pero también la Joam Baez- y Herp Albert y su Tijuana Brass. Consumíamos a Mao, a Ho-Chi-Minh, como íconos del antisistema, matizados con Dany Cohn-Bendit y la "revolución" parisina de 1968. Eso éramos. Y mucho más.

Eramos bailadores de cumbias, boleros y salsas. También de algo de twist y rock & roll y de go-go y de ye-ye. Y nos gustaban las baladas. Especialmente la de Los Iracundos.

Pero en política sabíamos distinguir a los oportunistas. Por ejemplo, hubiésemos mirado primero con desconfianza a alguien como Rafael Correa, y después seguramente lo habríamos repudiado, porque siempre creímos que la revolución no era cosa de decir, sino de hacer, aunque no tuviésemos idea de por donde empezar... Por eso produjimos esa hecatombe de la abolición de los exámenes de ingreso a la Universidad.

miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Recuerdan como era...?

El sector de "LA PLANCHADA" a la entrada de Las Peñas era -hasta antes de que se construyera el denominado Malecón 2000- un sitio plagado de delincuentes y gente de mal vivir.

Frente al Hotel Ramada, por ejemplo, unos negros se habían tomado toda esa zona que era parte del Paseo de las Colonias, y la convirtieron en vivienda donde, para ganarse la vida, recibían vehículos a cuyos propietarios les cobraban una tarifa por cuidado y lavado... Y pobre de aquel que se negara a pagar por el servicio completo: era agredido verbalmente y en una próxima ocasión hasta podía sufrir rayones en la pintura del automotor, si los negros lo identificaban como reacio a pagarles. Mientras hacían eso, bebían aguardiente y hasta practicaban sexo.

Lo que consigno, era parte del paisaje urbano que rodeaba a Las Peñas y en especial al Malecón. Pero todo Guayaquil era un basurero: recuerdo que en la intersección de P. Icaza y Escobedo, se apilaba basura: todos los días llegaba un chambero con su carreta tirada por un burro, el que se despachaba las cáscaras y tallos de racimos que las interioranas desechaban de la venta de plátanos asados en fogones instalados en la plaza de San Francisco y a lo largo del Boulevard.

En esa época, nadie de los de la revolución ciudadana de ahora, protestaba por la ofensa diaria que se irrogaba a la ciudad. Ni Octavio Villacrés, ni Cuero, ni Delgado o sus antepasados, salieron a condenarla. Peor los Diabluna o la María Fernanda Espinosa que -como muchos quiteños de esos años- se regocijaban porque el centralismo se había aprovechado de la irresponsabilidad de las administraciones municipales, para convertir a Guayaquil en una ciudad de mierda...

Entonces llegó León e inició una labor de restauración para recuperar a Guayaquil devolviéndole su jerarquía urbana. Tal labor continuada por Jaime Nebot, incluyó la regeneración de Las Peñas y del Cerro Santa Ana.

Y ese trabajo precursor pero definitivo para marcar la diferencia entre la ciudad caótica y sucia, y la actual, es lo que el Monumento le va a reconocer. Tal reconocimiento no necesita del permiso de nadie, peor de gente que no vive en Guayaquil o que viviendo aquí, se pudre por el furor de sus añejos odios contra el ilustre ex Alcalde y ex Presidente. Entonces hay que cerrar filas.

Propongo que el día en que llegue el Monumento vaya el pueblo -previamente convocado para ese fin- a observar y supervisar su desembarco. Y que de ahí, parta en marcha hasta el sitio indicado para su erección, depositándolo y declarándose en vigilia hasta que esté implantado en el sitio determinado por la autoridad municipal. Vamos a ver dónde se meterán toda esa fauna denVillacrés, Delgado, Espinosa y sus diablunas...

sábado, 4 de febrero de 2012

Hecho una Pascua, tiene al país en ascuas...

En sus 5 primeros años de gobierno, Rafael Correa ha hecho gala de una desmesura de poder inédita.

En efecto: desde el principio se enancó en el desprestigio del sistema político imperante -gracias al cual, paradójicamente, pudo ser candidato y presidente de la República- para cabalgar en una vertiginosa ruta de su proyecto personal, cuyo final no es otro que obtener el poder hegemónico.

Tal hegemonía le ha sido esquiva por dos factores: la permanencia en el sistema judicial de magistrados que no le resultaban confiables, ni siquiera cuando actuaban sumisos a sus deseos; y los medios de comunicación, que operaban según sus propios esquemas informativos y de opinión, que obviamente no coincidían con los que Correa había definido.

Para esto último, la fórmula de solución que encontró tempranamente fue hacerse de los medios incautados a la banca cerrada mientras por otro lado, presionaba para desaparecer en la televisión, en la radio, y en la prensa escrita, espacios de opinión que ofrecieran tribuna a sus reales o potenciales cuestionadores.

Para el sistema judicial encontró en el auge de la delincuencia y en generalizar la acusación de ser "corruptos" a los jueces, las dos caras de la medalla con la que los intimidaba y a su vez sacramentaba su metida de mano en la justicia. Ya tiene Corte Nacional de Justicia propia. Tal vez en mayor grado que la misma Asamblea Nacional. Y con ese instrumento, perseguirá a sus opositores con largueza y sin chance de que puedan defenderse.

Pero han pasado 5 años de este juego. Y lo que me llama la atención es que ni la prensa ni los políticos lo advierten. Más bien pugnan por convertirse en acompañantes de los pasos que cada día ensaya Correa.

Por ejemplo, deberían señalar que lo malo no está en que construya carreteras. Lo malo está en los sistemas de contratación que el gobierno ha usado para contratar su construcción. Otro ejemplo: lo malo no está en que se persiga la corrupción de los anteriores gobiernos. Lo malo está en que las denuncias de corrupción que pesan sobre el actual gobierno pasan como actos minimizados por la magnitud de las obras contratadas, y por la auto anulación de las facultades de fiscalización política en la Asamblea y de control, por la Contraloría.

En resumen, el problema está en que la agenda la fija Correa: promueve el debate sobre el asesinato de Alfaro ocurrido hace 100 años, para sin escrúpulo alguno autoproclamarse heredero de los enemigos y de la lucha del líder liberal. Y de ahí no pasa. Igual acontece con la rebelión policial del 30 de septiembre de 2010: la ha ido desplazando por el juicio a El Universo, pasando por alto que éste ocurre a causa de una opinión que versaba precisamente sobre el desenlace del levantamiento de los pacos.

Desde 2007, Correa ha determinado la Agenda del Ecuador en todos los campos: tan pronto habla del funcionamiento de un centro de salud, o de un retén de la policía; del Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, como de la construcción de escuelas modulares, o el largo de las faldas de las asambleístas, o el pago de pensiones jubilares para la Fuerza Pública; etcétera, etcétera, etcétera. Y tiene a un país absorto ante sus presentaciones mediáticas, que no advierte cuestiones vitales y evidentes, como que la salud -y así lo reconoce Correa después de 5 años de gobierno- sigue siendo mal administrada en perjuicio de los más pobres.

Lo único cierto es que, mientras construye un sistema de hegemonía política, hecho una Pascua Correa tiene al país en ascuas...

5 años y no aprenden...

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Estado cachinero

La cachinería es una actividad comercial ilegal: se ocupa de la compra-venta de bienes robados, no importa si el pago se lo hace en efectivo o mediante especies o favores. Pero lo impotante es que quien ejerce esa actividad sabe con certeza que el producto ofertado carece de orígen legítimo; es decir que fue obtenido mediante el despojo del bien a su propietario.

Como no puede ser de otra manera, la sociedad persigue ese tipo de actividad criminal. Y la persigue por dos razones fundamentales. La primera -y la más importante- porque es menester dar protección a la propiedad. La segunda porque de esa manera desestimula la formación de toda la cadena del crimen articulada en la apropiación de lo ajeno, incluyendo su comercialización. Si no actúa de esta manera, la sociedad envía un mensaje claro: robar no es delito; y menos comercializar el producto del robo.

Por lo tanto, si para obener un producto de manera ilegítima hay que asaltar en la vía pública, o ingresar a una vivienda, o a un local comercial para despojar a las personas, incluso sometiéndolas por la violencia física y hasta con el uso de armas llegando al assesinato, no se está cometiendo un delito. Y si después de un tiempo, (digamos minutos, horas, días, semanas o años), el ladrón invocando cualquier pretexto filantrópico aparece regalando a un tercero lo que ha robado, nada podrá hacer el perjudicado para recuperar lo que según títulos irrefutables, es de su legítima propiedad. Pero no por eso el robo deja de ser robo; ni el que robó, deja de ser ladrón; ni el que consiente en recibir el producto del robo, a sabiendas de su origen, deja de ser cachinero.

Lo de las espadas de Alfaro y Montero calza exactamente en todo cuanto he descrito: un grupo armado las robó del Museo Municipal, que las contaba como parte de su patrimonio, respaldado en una donación legal y legítimamente realizada. Esas espadas fueron robadas. Y esas mismas espadas acaban de ser entregadas al Presidente de la República, Rafael Correa Delgado, por una funcionaria de su gobierno.

La propiedad de las espadas del cuento nunca dejó de ser del Municipio de Guayaquil. Por lo tanto a sus representantes les corresponde de manera inexcusable, exigir que se las devuelvan porque fueron robadas del Museo Municipal de Guayaquil, hace más de 28 años. El hecho de que el delito de robo cometido para apropiarse de las espadas haya prescrito, no equivale a decir que ha prescrito la propiedad de las mismas.

Por lo tanto al gobierno le queda una sola decisión: devolver lo robado. Si no lo hace, habrá convertido al Estado en cachinero y a Carondelet en la gran cachinería. Y habrá acuñado un mensaje subliminal: robar no es malo, siempre y cuando sus autores sean amigables con el régimen -al punto de ocupar altos cargos públicos- y las víctimas del asalto y robo estén ubicados en la derecha pelucona, porque para ellos, Alfaro y Correa viven, carajo...

O sea ACVC